Miércoles, 13 Abril 2016 23:57

Juegos Míos - Entrevista, María Nájera

>El escritor no es dueño de otras vidas, pero sí las manipula

La joven escritora publica "Juegos míos", una recopilación de 23 cuentos en los que se sumerge en la parte más oscura del alma humana.

María Nájera
30/12/2004


Dice de sí misma que es observadora y romántica. Y no hace falta que ella lo asegure, porque es evidente a primera vista, que también es sensible y extremadamente inteligente. Ella es Espido Freire, una mujer que nada tiene que ver con la languidez que algunos le imaginan y que asegura que un día con suerte es aquél en el que leyó cuanto cayó en sus manos. Charlar con ella es una delicia y leer sus relatos, un placer.

Uno de los personajes de Juegos míos asegura que el ser humano a ratos, a fragmentos, es cruel. ¿Por qué? 
Porque a mí no me interesa analizar las acciones. Me interesa ver dónde está el origen de esas acciones y, en muchas de las que me rodean a mí y a otra gente, adivino un propósito oscuro, que luego no se cumple -discusiones que no se llevan a cabo, malos pensamientos que se sofocan- pero la lucha entre ese bien y ese mal, muchas veces tiene un elemento de contención muy frágil que es lo social. Me interesaba describir eso de una manera muy sutil y con personajes muy normalitos. Hacer un viaje de las apariencias a la emoción primaria e invitar al lector a un paseo por las zonas oscuras.

La ambición, la pereza y el sentimiento de culpa desfilan por las páginas. ¿La vida misma le sirve en bandeja el material literario? 
Sí, en ese caso sí. La novela parte de obsesiones constantes pero los cuentos nacen de revelaciones que tienen lugar en un pequeño gesto y de pronto, surge la historia. Eso se debe muchas veces a pequeñas casualidades o a reflexiones que proceden de dichas casualidades.

¿Cómo define la primera parte: El tiempo huye? 
Habla de la cicatriz que te dejan determinadas experiencias vitales, hechos que de ninguna forma se pueden olvidar.

¿Es fundamental tener presentes los recuerdos y no perder la capacidad de soñar? 
Yo no sé vivir de otra manera. En estos primeros relatos le digo al lector que esté muy alerta en la vida, que las decisiones no deben tomarse de manera inconsciente porque, en cualquier momento, esa vida puede cambiar. Estar alerta no significa estar en tensión, también se puede disfrutar. Sentir que lo que estamos viviendo es único y que el tiempo se escapa.

En la segunda parte, retrata la hipocresía convencional. ¿Hay algo que usted no soporte? 
Muchas cosas. No me molesta la falta de cortesía, que muchas veces es necesaria, pero sí la falta amistad. No soporto la utilización de personas, de nombres. Es tan hipócrita, reúne todo: la presunción, la arrogancia, la envidia y la crítica desaforada.

En cuanto a los monstruos cotidianos presentes en el tercer apartado. ¿Qué teme Espido Freire? 
Yo creo que temo a todo lo imprevisible, a lo que realmente no puedo controlar. Creo que es una defensa que nace de la neurosis, y reconozco que me lo paso muy bien planeando. Me gusta tener claro qué haré el próximo año.

Novela, ensayo, cuento... ¿En qué género se siente más cómoda? 
En el cuento porque me permite la irrupción de lo mágico de una manera más creíble que en la novela; ser breve y pasar inmediatamente a otra historia; una intensidad que no soportaría una novela; y también me permite jugar y ordenar los propios cuentos de una manera divertida o terrible.

Entonces, ¿la Literatura es un juego? 
No, la Literatura es mucho más que un juego, pero también tiene una variante lúdica y a veces se olvida por la trascendencia, por la identificación o por la estética literaria.

¿Y una vía para interpretar la realidad? 
Eso sí. Es un modo de interpretar el mundo simbólico.

Incluso puede ser un vehículo para vivir otras existencias. 
A veces también. En estos cuentos no me interesa tanto que el lector viva unas vidas ajenas, sino que se reconozca en determinadas emociones. Obviamente en el nivel de la anécdota y del significado más superficial, está esa vida ajena y el indagar, actuar de portera y mirar por la mirilla; pero me interesa más la identificación de tus emociones con las del personaje.

¿Y sus emociones también se identifican? Porque tengo entendido que huye de los tintes autobiográficos. 
Gracias a Dios, mis cuentos no son autobiográficos. En el acto de la creación se toma algo que nos evoca una emoción determinada y se racionaliza. Y en ese proceso de racionalización, muchas veces es necesario quitar la vida porque estorba para llegar al esqueleto de la historia y luego, reconstruirlo de una forma que resulte más atractiva. Incluso aunque alguna historia viniera de una experiencia mía, ya sería otra cosa porque ha sido expurgada.

¿Cree que el escritor, en cierta medida, es dueño de vidas ajenas? 
No sé si es el dueño, pero sí las manipula. Muchas veces esas historias que te llegan por vía ajena las haces tuyas, quitas, transformas y metes otros personajes, los incluyes en una historia que nada tiene que ver.

¿Alguno de sus personajes se ha resistido a abandonarle? 
Me pasaba de más jovencita, ahora tengo más control; pero hay uno que, al menos, va a aparecer en otra historia: Loredana, un personaje muy siniestro, oscuro y torturado; y hay otro que se ha repetido en varias historias: Vincavenc el Bandido. Pero es que las historias de bandidos buenos, claro, siempre me han gustado mucho. No sé por qué me gusta el que estén al borde del bien y del mal para crear el bien, pero según te lo cuenten es un asesino o un ladrón, o un benefactor.

¿Espido Freire escribe para sí misma o para otros? 
Por lo general, escribo para un lector invisible, cómplice. Lo que llamo el lector inteligente, alguien con quien jugar, a quien le guste profundizar en la historia. Que encuentre un eco que yo he emitido y me lo devuelva.

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Miércoles, 13 Abril 2016 23:54

Juegos Míos - Entrevista, Marina de Miguel

Mis lectores saben que con mis cuentos no se pueden relajar.

A través de una colección de 23 relatos, la Premio Planeta propone el juego de descubrir el lado oscuro del ser humano.

20/12/2004
Entrevista | Espido Freire
(Marina de Miguel/Madrid)

«Sin apenas cambiar, todos podemos convertirnos en personas malas». A partir de esta convicción, Espido Freire (Bilbao, 1974) descubre la crueldad innata del ser humano en Juegos míos, su nuevo libro de cuentos publicado por la editorial Alfaguara. En él, la ganadora del premio Planeta en 1999 con Melocotones helados reflexiona también sobre el paso del tiempo y los monstruos que existen en la actualidad.

-Muchos autores ven en los cuentos un oasis donde descansar entre novela y novela, ¿qué representan para usted?

-Es el género en el que me siento más cómoda. No me parecen un área de descanso, más bien, un área de experimentación. Sin embargo, existe una desconfianza casi legendaria en relación a este género; los lectores parecen requerir más novelas que, de todas formas, son lo único que encuentran cuando buscan ficción. Habría que hablar con los editores, pero éstos dicen que los escritores sólo escriben novela.

-¿Es el tema el que determina si escribirá un libro o un cuento?

-Tiene que ver con el modo en que aparece o se te ocurre la idea. Cuando la idea está entera en sí misma, es lo suficientemente intensa para aparecer ella sola y desaparecer ella sola, ése es un cuento. En cambio, si sirve de apoyo a otras ideas secundarias, estoy ante el germen de una novela.

-«Juegos míos» es otra prueba de su defensa de la imaginación frente al componente autobiográfico.

-Es cierto. En el caso de una escritora joven, como yo, y con una vida no muy interesante, tengo más que ofrecer imaginando, que relatando mis vivencias.

-¿Cómo perciben los personajes de «El tiempo huye» (la primera parte del libro) el inexorable devenir de la vida?

-Casi no lo perciben, como nos pasa a nosotros. Hasta que de pronto ocurre algo que nos hace cobrar conciencia de que ya no somos los mismos de antes: una muerte, un enamoramiento, alguien que nos llama señora. Descubrimos que algo ha ocurrido y que ya no volveremos a ser los mismos.

-¿Qué consecuencia trae ese descubrimiento? 
-La nostalgia, el deseo imposible de volver atrás. Los lectores se van a dar cuenta de que tampoco ellos pueden volver.

-En «Quedamos para la merienda», el segundo apartado, destapa la crueldad del ser humano.

-Hablo de una capacidad muy aterradora que tenemos todos: la maldad. La posibilidad de, con una palabra, una frase o un gesto, hacer daño y destrozar la vida de los que nos rodean. Mis personajes juegan con una apariencia frágil, pero son capaces de causar un dolor que ellos mismos no pueden imaginar.

-Siempre hay que estar alerta...

-Mis lectores saben que con mis cuentos casi nunca se pueden relajar. Esto es un juego; cuando se cansan no pasa nada, lo dejan y luego volverán. Pero los juegos, como en la infancia, cuanto más complicados, más nos gustan a todos nosotros. De todas formas, son muy divertidos: la historia que se cuenta es a veces muy dramática, pero al suponer un desafío mental, se vuelve interesante.

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Miércoles, 13 Abril 2016 23:36

La diosa del pubis azul - Entrevista

Crimen a cuatro manos
Por B. Lacasa. Vogue España. 1 de Julio de 2005

Espido Freire y Raúl del Pozo han unido sus talentos para escribir una genuina novela negra a cuatro manos. El resultado es La Diosa del Pubis Azul (Planeta), la historia de un asesinato en un Madrid canalla.

Blanco y negro es el color en el que todos pensamos cuando hablamos de cinc negra o de naveta policiaca. Detectives enfundados en gabardinas; mujeres fatales que fuman, lánguidas, cigarros infinitos; mucho humo; lluvia; y un complejo misterio por resolver. En La diosa del pubis azul (Editorial Planeta), Espido se mete en la piel de una policía novata y seria, mientras que Raúl adopta el papel de un madero machista, de vuelta de toda. Así se teje una original y experimental novela cuyos capítulos alternan una y otra firma. Les hemos dejado charlando sobre su novela, el género negro y la literatura.

Espido Freire: Se trata de nuestra primera colaboración... 
Raúl del Pozo: Ha sido una maravillosa incomunicación, nos pilló por medio la época del virus informático.
E. F.: Pero a pesar de todo, lu novela tiene mucha unidad, ¿no te parece? 
R.d.P: De todas las novelas que he escrito, será por ti, pero es la que más estructura tiene. Es inconcebible que no hayamos hablado entre nosotros para escribirla.
E.F.: Hasta que no faltaron seis entregas, no sabíamos quién era el asesino. El arranque era importante, en eso nos pusimos vagamente de acuerdo.
R.d.P: Modestamente, creo que la novela refleja muy bien los bajos fondos, la verdadera vida, la plataforma sombría y violenta de Madrid. En ese sentido hemos cumplido con el objetivo de la novela negra que consiste en enseñar las cloacas.
E. F.: Había escrito mucho sobre el mal, pero nunca novela negra. Tú sí...
R.d.P.: Sí, pero este libro es diferente en cuanto a que es un experimento psicológico y del lenguaje. Es una conversación difícil entre dos seres humanos que se parecen tan poco como un hombre y una mujer.
E.F.: No es la primera pareja mixta de detectives de la historia, pero es interesante la visión tan distinta que ella y él tienen del crimen y de las víctimas. Cuando habla tu personaje, el horror parece casi poético.


Mitos de la novela negra, autores imprescindibles y novedades que este experimento ha aportado al género fueron algunos de los temas sobre los que charlaron Espido y Raúl. Preguntados sobre si repetirían en esto de escribir a cuatro manos y, en caso afirmativo, con quién, responden:

R. d. P.: Depende del resultado... 
E. F.: ¡Qué pragmático eres! Yo iba a contestar que sí sin pensármelo dos veces. 
R. d. P.: Elegiría a Santa Teresa. Estoy enamorado de ella, de su ninfomanía por Dios... Me pone los pelos de punta. Era una mujer culta, guapísima, caliente como un demonio... Su misticismo era tan fuerte que es casi pornografía. 
E. F.: Es complicado elegir a alguien... De los españoles, no me gustaría ofender a nadie: así que de los extranjeros, escojo a un autor noruego, Erik Fosnes Hansen, que publicó una novela llamada Momentos de protección. 
R. d. P.: Volviendo a la novela negra, yo recomendaría Crimen .y castigo, de Fedor Dostoievski.
E. F.: A mí me gusta Dennis Lehane.
R. d. P.: La novela negra está completamente desacreditada, se la considera un sucedáneo. 
E. F.: Es un género que se presta mucho a la parodia. Es difícil devolverle la dignidad sin reestructurar sus bases. 
R. d. P.: Las novedades que aportamos son: escribir a cuatro manos y por entregas, ilustrarla y la idea de que cualquiera puede ser un asesino.

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Miércoles, 13 Abril 2016 08:26

Irlanda - Planeta 1998 Entrevista

Edicion Espanola Planeta Irlanda
Planeta, 1998

Espido Freire en Irlanda

“La fabulación nos permite compensar el final de la infancia”
Por Yaiza Martínez. TendenciaSXXI, Septiembre 1998

Espido Freire (Bilbao, 1974), ha publicado recientemente la novela Irlanda (Planeta, 1998), en la que se abre un intenso mundo femenino e infantil con sutiles planteamientos acerca del bien y del mal. En entrevista a TendenciaSXXI, esta joven escritora afirma que la novela debe acercarse al desarrollo del tiempo circular o en espiral para estar más acorde con la realidad que refleja, y que la utilización de la simbología en narrativa permite, además de asegurar la pluralidad de lecturas, que los diferentes géneros se toquen, que la novela se acerque a la poesía.

-¿Qué desarrollo le das al tiempo en tu narrativa? ¿Qué posibilidades literarias abre un tiempo no-lineal en la novela?
-Sin ninguna duda, el juego temporal implica, en mi opinión, uno de los desafíos más interesantes a la hora de estructurar una novela. Como elemento narrativo, complica y presta nuevas perspectivas a la historia. Como dimensión en la que los hechos se desarrollan, guía y modela las acciones. Ante la percepción del tiempo en la vida real, o en el recuerdo, que no es lineal, sino que entremezcla retazos y sensaciones ya vividas, o imaginadas para el futuro, la reducción de una historia a un inicio-desarrollo-fin no parece tener mucho sentido. Por esa razón la idea del tiempo circular, instantáneo, o incluso en espiral, con historias que giran produciendo un efecto de lanzadera, me resulta tan atractiva.

-¿Qué relación piensas que existe entre el mundo imaginario de un autor y su cotidianidad, su mundo real?
-Considero la capacidad de fabular, la habilidad de crear mundos o atmósferas propias, como uno de los logros más evidentes de un escritor; es la misma capacidad que poseen los niños, con sus juegos y sus amigos imaginarios, hasta que por una razón u otra se pierde, y supongo que la búsqueda de los lugares mágicos en la literatura trata de compensar esa pérdida. En mi caso, pasé directamente de hablar con mis amigos invisibles a escribir pequeñas historias, de modo que conservo aún gran parte de los elementos que componían las fantasías de mi infancia. Mis historias tratan de relaciones muy estrechas, habitualmente en el seno de la familia, en un paisaje determinado, norteño y húmedo, y en casi ningún caso reflejan hechos autobiográficos. Imagino que al igual que el niño escapa de los deberes, o del castigo, imaginando ser un héroe, o una princesa encantada, yo trato de estructurar el desorden de mi existencia y huir dedos malos momentos en mis historias de ciudades rígidamente planificadas.

-¿De qué manera puede ser llevada a la literatura la visión femenina del mundo? ¿Piensas quee esta visión puede modificar el lenguaje?
-La mujer escritora ha debido vadearse entre una multitud de dificultades, como mujer y como creadora, que, a mi entender, no se reflejan en la mayor parte de las historias que leemos. Al menos en narrativa, la incorporación de la mujer ha supuesto un mayor número de historias protagonizadas por mujeres, pero no un cambio significativo. El mundo femenino en la literatura continúa rigiéndose por las leyes del masculino, y sus personajes apenas poseen otra vida y otro significado que la relación con los hombres. Creo que en el momento en que pueda escribirse de la mujer como tal, sin asexuarla, se estará en la dirección correcta. Sólo una mirada profundamente honesta y nueva, equilibrada, será capaz de encontrar ese enfoque y ese lenguaje que, desde luego, supondrá un cambio importante la literatura. De alguna manera, es necesaria una fuerte carga de androginia para eliminar los prejuicios y las convenciones entre los dos sexos.

-¿Crees que el autor genera conscientemente la relación simbólica dentro de sus novelas o que ésta, por el contrario, se va creando por sí sola? ¿Qué papel podría jugar el lector en esa creación simbólica?
-La gran ventaja de emplear símbolos al contar una historia reside en que, de manera automática, esta gana en sugerencias y lecturas; el autor se asegura prácticamente la pluridad de lecturas. No sé qué sistema emplearán autores más experimentados, pero yo, que consideraba estar al tanto, más o menos, de los elementos que podrían considerarse simbólicos, he comprobado con asombro, al escuchar las opiniones de los lectores, la enorme carga, desconocida e inconsciente que he aportado a Irlanda. Resulta muy difícil definir si la relación simbólica cobra cuerpo al contacto de la novela con el autor o el lector, o al de los dos últimos, precisamente por el carácter subjetivo de su significado. Una codificación simbólica supone un esfuerzo añadido, pero también una recreación, tan cercana a la poesía, que hace sentir la historia como propia

-¿Con qué representas la idea del bien y del mal en la novela?
-La fascinación por el mal, propia de la adolescencia y de la niñez, se contiene tajantemente por la obligación del bien. El deseo de la muerte ajena no es sino la afirmación del propio poder. En Natalia, el íntimo sentimiento de haber hecho algo mal, de haber cometido una acción que los adultos, los jueces, calificarían como malvada, provoca sentimiento de culpa que despierta a todos los fantasmas. Sin embargo, Irlanda ya ha crecido, es una mujer que controla las leyes de los adultos, y que, por tanto, puede destruir a Natalia. El mal, que sería destruir a Irlanda, y el bien propio, el instinto de autoconservación, se confunden. Y la única versión, la de Natalia, nos obliga, con su visión sesgada, a introducirnos en una mente en que la polaridad tradicional bien-mal se halla deformada.

-¿De qué forma tratas los personajes femeninos en tu novela Irlanda?
-Una de las razones por las que comencé a escribir durante mi adolescencia, fue la carencia de personajes femeninos dignos y creíbles. No me atraían las heroínas idealizadas, rubias y sacrificadas, ni las amazonas casi masculinas que devoraban a los hombres con patatas. En consecuencia, he intentado hablar de mujeres, fuertes o débiles, pero con poder sobre su vida, y en las que su relación con el hombre no resultara el eje de su existencia. Su propia visión del mundo resulta lo suficientemente interesante como para que no necesiten ser hermosas, ni extraordinariamente inteligentes, ni ricas. Y sus carencias, o sus virtudes, son empleadas como lo serían por cualquier mujer real. Considero que la diferencia entre lo que las mujeres creen que deben ser y lo que en realidad son ofrece una complejidad extraordinaria y muy atrayente para la narrativa. Natalia, que no destaca en nada, salvo por su meticulosidad, sus conocimientos sobre plantas y su carácter tímido y cariñoso, se enfrenta de pronto a una muchacha que representa lo que una adolescente debe ser: hermosa, inteligente, popular, afectuosa, rica y sensata. Ahí le muestran el camino a seguir, y ella, en un principio, intenta amoldarse. Sólo cuando decide no crecer, no ser otra cosa sino lo que hasta entonces ha sido comprende su poder y hace uso de él.

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Martes, 12 Abril 2016 08:26

Espido Freire - Atlántico, 2004

Entrevista - Espido Freire

Laura S. Figueras.
Atlántico, 2004.

 

Jueves 30 de Septiembre de 2004.

 

ESPIDO FREIRE

La escritora bilbaína Espido Freire estuvo ayer en Vigo para participar en el club de lectura de Alcorcón en el que presentó su última novela "Nos espera la noche". De padres gallegos, la autora confiesa que actualmente ve el premio Planeta “casi como una anécdota” aunque no se olvida de la importancia que tuvo en su carrera.

Vigo, Laura S. Filgueiras

La escritora aguardaba tras los cristales de una cafetería leyendo "La vida invisible" de Juan Manuel de Prada mientras aprovechaba la luz del sol. Podría ser el comienzo de una novela de Espido Freire pero sólo se trata de la descripción de la escritora en un café de Vigo antes del inicio de esta entrevista. La bilbaína, de padres gallegos, estuvo ayer en la ciudad para participar en el club de lectura Alecrín que se desarrolló en la Casa del Libro y en el que presentó su última novela "Nos espera. la noche". De padres gallegos, la escritora de 30 años obvia utilizar su nombre, y opta por sus apellidos porque como ella misma dice significan «desmido y libertad". Ganadora del premio Planeta en 1999 con "Melocotones helados", Espido lleva ya trece libros publicados.

- "Nos espera la noche" es la dependiendo de los estímulos novela que presentó ayer en Vigo. Sin embargo, no es su última obra.

-Es mi última novela pero efectivamente mi última obra es el ensayo "Querida Jane, querida Charlotte". La primera es la segunda parte de una trilogía que comenzó con "Donde siempre es octubre" y aunque entre ambas no hay un seguimiento de personajes sí lo hay de atmósfera. Esta novela está llena de guiños para los lectores e independientemente de lo que les ocurra a los personajes todos saben que la noche llega y ésta tiene un significado diferente para cada uno de ellos. Van cuesta abajo hacia un fin. Mientras la última obra es un ensayo que hace un recorrido por la vida y obra de Jane Austen y las hermanas Brontë.

-Usted ganó el Planeta con 25 años. ¿Fue su plataforma de lanzamiento?
-El Planeta depende de como te lo tomes. Hay gente para la que es el fin de su carrera y para otros es el inicio. Yo lo gané con mi tercera novela y durante los dos años siguientes al premio aproveché para publicar ensayo y poesía. Hoy, cinco años después, puedo decir que el Planeta es casi una anécdota en mi vida, aunque sí me permitió el acceso a un público que no era el mío.

-En cualquier caso, los escritores se buscan la vida como los demás.
-Exactamente. Hace diez años fue una buena época porque se hizo una inversión muy fuerte y ahora, como en todo, hay que buscarse la vida.

-En literatura, ¿qué le queda por probar?
-La parte teatral, los guiones y la poesía más en serio con un lenguaje que se adapte más a mi edad.pero ¿el escritor nace o se hace?

-El escritor se forma. Se hace con una sensibilidad en bruto que dependiendo de los estímulos que uno reciba lo desarrolla más y así hay gente a la que le da por la música o por tallar cabezas de Buda.
-Tiene una página web muy interactiva. ¿Le gusta tener contacto con los lectores?

-Para mí es una obsesión saber qué está haciendo el lector en cada momento. Necesito saber quién me está leyendo sin importarme quien sea. Y así todo resulta misterioso: alguien que no tenga mi edad o que no comparta mi origen se ve atraído por una historia que yo he contado, ¿por qué? Mantener un contacto entre quién es él y quién soy yo es fascinante.

-También hay un foro de trastornos alimentarios.

-Sí porque hace tiempo escribí un libro sobre la bulimia y a través de este foro quiero acercar la realidad al lector.

-En este caso ¿se puede emplear la literatura como terapia?

-No, leer no cura.

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Martes, 12 Abril 2016 08:24

Espido Freire - El Mundo, 2005

Espido Freire

David Torres 
El Mundo, 2005.

16 de Junio de 2005

ESPIDO FREIRE


Un hada buena, una princesa de incógnito. Caperucita paseando alegremente por el bosque antes de tropezar con el lobo y mandarlo a hacer flexiones para que pierda tripa. Algo en la fisonomía de esta mujer remite al universo de los mitos y cuentos infantiles, a las Cenicientas que se prueban vestidos de fiesta, a las Sirenas que perdieron la cola de pez, a las niñas que se chupan inocentemente el dedo después de pincharse con una rúeca envenenada.

Pero la ironía de la boca, la inteligencia de los ojos corrigen la versión canónica: la Cenicienta paga con targeta de crédito; la Sirenita calza zapatos de tacón; la niña no se duerme ni se chupa el dedo, sino que mra cara a cara el sueño, abre el cuaderno de ortografía y, mientras se restaña la sangre, empieza a escribir una novela. 
En verdad, los ojos forman el altar de la cara, unos ojos inmensos, tan grandes que uno no sabe de qué color son y que hacen que nariz, boca y barbilla se eclipsen, engullidas por las pupilas como en un dibujo de cómic japonés, un manga erótico mesmerizado por las hadas y las ninfas de la dulce Irlanda.

El mentón está a punto de desaparecer, la boca de borrarse: un hermoso rostro que sugiere misterio, elipsis, sesiones de espiritismo, apariciones en espejos empañados, damas misteriosas envueltas en vapor, vagando por los corredores de un castello encantado. Las huellas no son de pies descalzos, sino de zapatos de tacón de aguja, y lo malo es que conducen siempre a la biblioteca del castillo. Junto a la laguna negra, hay un bikini mojado. En vez de gritos y lamentos desde la torre, en la alta noche se recitan poemas. Luego resulta que el fantasma en cuestión gasta sostén de talla extra y se peina una cabellera larga y espesa que podría servir para fabricar escalas en obras de teatro isabelino. Así no vale.

La carne y el espíritu luchan encarnizadamente en este cuerpo que aprece evanescente y que, no obstante, está lleno de curvas excitantes y recodos de alabastro, de pestañas y uñas épicas. La carne y el espíritu pelean en los labios casi siempre entreabiertos, en la ansiedad palpitante de la nariz, pero se reconcilian en las manos de balada medieval y en los ojos de poema persa.

Por cierto, que se diría que las manos están hechas para lucir despedidas y anillos, para estrangular amantes y sostener halcones, y sin embargo los dedos apuntan la firmeza de la máquina de escribir y la arquitectura desordenada de los alfabetos. La frente tampoco oculta un estuche ni un joyero ni más reino que el de la imaginación: no se corta el pelo por no romper la urdimbre donde se tejen las historias.

Hay melancolía en el rostro, nostalgia en los gestos, tristeza en la cintura, pero la niña está crecidira ya, va sola por el bosque, ningún lamento por la perdida cola de pez hincha su pecho de Sirena. Hace ya mucho tiempo que no se chupa el dedo. En ella, en sis sinuosas formas femeninas, los cuentos y los mitos se han dado la vuelta como calcetines: la Cenicienta manda a la porra el príncipe y busca una zapatería de guardia. Penélope se harta de esperar a Ulises, tira el telar a la basura y se pone a recitar la ilíada en la plaza de Itaca. El castillo se alquila. Y sin embargo, con lo alta que es, siguen quedando ganas de sentarla en el regazo y contarle un cuento, cepillarle amablemente el pelo, cantarle una balada para que se duerma, decirle unas cuantas mentiras. Érase una vez. Y vivieron felicez. Qué ojos tan grandes tienes.

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Martes, 12 Abril 2016 08:21

Espido Freire en la Opinión

Espido Freire    

José A. Barrueco

La Opinión de Zamora, 2002

 

5 de Noviembre de 2002

ESPIDO FREIRE



Ayer estuvo Espido Freire en los encuentros literarios de la Biblioteca Pública. La habrán visto en la prensa de hoy. Fue a hablarles de literatura a los alumnos de la Enseñanza Secundaria. Vino y contó un cuento: el cuento de su vida, y mantuvo a toda la audiencia muda, hechizada. Porque su biografía es una especie de relato mágico aunque sin elementos mágicos, en el que la vocación gana al destino que le eligen a uno desde la adolescencia. Quizá los muchachos esperaban a alguien que les aburriera y se encontraron con una persona amena y cercana a ellos, con más años encima, pero rodeada de las mismas inquietudes. Relataba Espido Freire su experiencia desde que decidió dedicarse a la escritura en secreto, que es como se empieza siempre: en secreto y casi con verguenza. Sus primeros pasos, sus titubeos, sus esperanzas y sus francasos, sus espectativas y sus triunfos. Anécdotas que fue hilando de una a otra, igual que un libro lleva a otro.

Pero también tocó otros temas muy de actualidad: la influencia del mito en la novela, los modelos de mujer estereotipada que nos imponen la publicidad y algunos medios de comunicación, el hecho de sentirse un ejemplar raro en los años de formación adolescente, la anorexia y la bulimia y su manera de obtener documentos de primera mano para uno de sos libros y sus artículos sobre estas enfermedades. Tal vez me equivoque, pero olí en el ambiente del salón de actos que las alumnas allí congregadas para escuchar a la escritora la vieron como un modelo a imitar: dedicada por completo a escribir, hecha a sí misma, superviviente del éxito y la fama, atractiva y de ojos enormes e inteligentes, preocupada por la igualdad entre los sexos. Imagino que los muchachos saldrían desarmados: se encontraros con una chica fuerte, que no se deja vencer ni arrastrar por los tópicos, con alguien que rehúsa las influencias pijas y tiene la mirada árabe de las princesas antiguas.

Durante su carrera, muy prolífica en escritos y publicaciones, ha tenido que soportar la vieja etiqueta de la juventud, que es un arma de doble filo en la literatura: por un lado, quienes niegan las plumas jóvenes y las arrastran con críticas de acero; por el otro, quienes ven en la frescura de lo nuevo un valos en alza. Sin emabrgo, creo que ha logrado que la respeten en la literatura, salvo excepciones. Hacia el final de la charla, Espido Freire contó algunas anécdotas de la noche en que le dieron el Premio Planeta por Melocotones Helados: tuvieron el tono justo de quien continúa con los pies en el suelo, de quien relata un acontecimiento tan atosigado por las cámaras y los focos con una naturalidad envidiable, igual que si llegara de un mundo ajeno a ella, el de los fastos y las entrevistas huecas. Confieso que no he leído aún una novela de Espido Freire, aunque sí algunos de sus cuentos y de sus artículos para diversos medios. Pero para eso sirven este tipo de encuentros: para saber si el autor logrará, al término de su charla, que te lances a una biblioteca a rescatar parte de su obra. Si uno conociera al milímetro el universo de un escritor, no sería imprescindible que acudiera a verlo. Creo que los alumnos salieron satisfechos del encuentro y con ganas, sobre todo, de leer. Les habló, desde su visión de mujer cercana a los treinta, de los problemas que acucian a los adolescentes, uniendo de ese modo du presente con su pasado más inmediato. He encontrado por ahí algunas frases de ella que podrían cerrar este artículo. Me quedo con ésta: “Si fuéramos conscientes fr todas las barbaridades que cometemos a lo largo del día, jamás tendríamos la oportunidad de convertirnos en héroes”.

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Martes, 12 Abril 2016 08:19

Entrevista con los Vampiros

Entrevista con los Vampiros

Alfredo Valenzuela
RD Editores. Sevilla, 2004.

ESPIDO FREIRE


Espido Freire (…) firma con los apellidos, lo que traslada a su nombre ese aire de misterio que poseen sus ojos. Fue la ganadora más joven del Premio Planeta.
-Este año no corrió los San Fermines?

-Los San Fermines me encontraron este año (2001) en Oslo, un sábado aburrido y medio nublado, sentada en el puerto deportivo, con una Coca-Cola light en la mano, un vago sentimiento de inadecuación y un esfuerzo sincero por no cuestionarme qué demonios hacía yo viviendo en Noruega mientras cinco horas más al sur la juerga comenzaba.

-Qué consecuencias ha tenido la cornada que le dio el Premio Planeta?

-Cuando se es joven y se está en forma, una se recupera pronto de las cornadas. Posiblemente, antes que cualquier otra persona menos acostumbrada a ellas. Lo importante es no dejar de torear, continuar en activo, tentar los toros, mantener ágiles las muñecas. Y hay que saber que cuando se elige una pasión, hay que aceptar con ella las consecuencias.

(…).

-Usted fue la escritora más joven que ganó el Planeta ¿en qué otras cosas ha sido precoz?

-En poca cosa más... mal asunto cuando se recoge la fruta aún verde; por más que intenten convencernos de que sabe igual, cada cosa requiere maduración y reposo.

-¿Nunca se le ha pasado por la cabeza que todo esto de los libros y la literatura sea una pérdida de tiempo?

-No. He estado siempre demasiado ocupada convenciendo a quienes me rodeaban de lo contrario. Y, créame, la empresa requiere una voluntad de hierro, una seguridad y una buena salud que ríase usted de los deportistas de élite.

-¿Cuál ha sido su última batalla?

-Fue contra Iberia, que se empeña, por razones desconocidas, en destrozarme todas las maletas que encuentra a mi nombre. Ya conozco todas las variedades de destrucción: ruedas, asas, refuerzos internos... No hace falta añadir que, por supuesto, perdí.

-Le he leído en una entrevista que usted cree en el "amor verdadero" ¿es cierto?

-Sí. Imagino que llegando a los cuarenta, mi visión y mi experiencia se asentarán y comenzaré a expresarme con más propiedad y menos cursilería. Pero qué le vamos a hacer, demasiadas películas, demasiadas novelas, demasiadas canciones. Estoy perdida para la causa. Creo en el amor sincero y auténtico, y creo que perdura a lo largo de los años. Creo en los finales hermosos, que no siempre son felices. Y creo que el amor anula el tiempo.

-¿Qué es más llevadero, el sexo sin amor o el amor sin sexo?

-El sexo sin amor. Siempre que sea consentido. Incluye una parte física que, por así decirlo, distrae más, entretiene, da qué hacer. El amor sin sexo conlleva una buena cantidad de suspiros, no siempre recomendables. Lo positivo es que amar sin sexo de por medio no requiere consentimiento ajeno. Cuestión de comodidad.

-¿La gente que se opone a que los homosexuales adopten niños es porque creen que los niños están mejor en orfanatos?

-Posiblemente consideran que esos niños han de educarse en los mismos valores morales y familiares en los que ellos creen, enfrentados directamente a los que defienden los homosexuales. Es una lástima, sin embargo, que esas personas que se oponen no se hagan cargo de unos niños que otras personas desean atender.

-¿Es más vasca que gallega?

-Tras pasar temporadas prolongadas en el extranjero he llegado a la conclusión de que pertenezco a una comunidad lingüística, antes que a una geográfica. Mi patria es mi idioma. Y yo siempre he pensado y escrito en castellano.

-¿Quién le parece más literario monseñor Milingo o su despechada esposa?

-Hmmm. Demasiados elementos extraños, demasiado ruido. Resultaría muy complicado extraer una historia literaria creíble de dos personajes así. La literatura tiende a resultar verosímil por su sencillez y su capacidad de abstracción. Para colmo, ninguno de ellos me resulta especialmente atractivo. Qué le vamos a hacer.

-¿Cuándo empieza el curso para usted?

-Este año, a principios de octubre, con la aparición de mi nueva novela, Diabulus in musica. En un buen mes para que las cosas comiencen. El verano rebosa vida, demasiada agitación. En invierno se paralizan los movimientos. La primavera nunca me ha traído buenos recuerdos: alergias y exámenes. El otoño se tolera. Caen las hojas de los árboles y se abren las de los libros.

-¿Cuál es el último libro que se arrepiente de haber leído o de haberlo intentado?

-The Blind Assassin, de M. Atwood. Me desconcertó, me fascinó. Ahora sólo puedo escribir en un estilo similar, con lo que debo aguardar un par de semanas a que el impacto se atenúe. Es fastidiosillo encontrar obras que conecten tan profundamente con la parte oculta de cada uno.

-A Koplowitz le han robado los cuadros ¿qué es lo más valioso que le pueden robar a usted?

-El ordenador portátil. La verdad es que si me sentara a hacer cálculos, sería mi nevera, una mole de acero, gigantesca y con tantos botones como una nave espacial, de la que estoy absurdamente orgullosa, pero vistos los sudores que costó meterla en casa, no creo que nadie sea tan osado como para atreverse a moverla de lugar.

-Un día de estos le voy a hacer una entrevista a Leopoldo María Panero ¿Quiere que le haga alguna pregunta de su parte?

-No creo que yo le hiciera ninguna pregunta. Me limitaría a escucharle. Al fin y al cabo, es lo que hago cuando leo su poesía. "Cuentan que la Bella Durmiente nunca despertó de su sueño". Nadie podría fundir mejor en una frase la muerte, la leyenda y el misterio...

Publicado en Entrevistas
Martes, 12 Abril 2016 08:12

Entrevista con Anika

Entrevista con Espido Freire (Extracto)

Anika entre libros

Espido Freire nació en Bilbao en 1974 y, en su adolescencia, se dedicó a la música antigua. Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Deusto, se dedicó a talleres y grupos literarios hasta que en 1998 publicó su primera novela, "Irlanda". Dos libros después y con sólo veinticinco años se convirtió en la ganadora más joven del premio Planeta de Novela con "Melocotones helados". Desde que empezó no ha parado de escribir, y muestra su talento tanto en novelas como en ensayo, poesía, artículos y talleres. Otros de sus libros destacados son Diabulus in musica, Aland la blanca, Cuando comer es un infierno, Nos espera la noche y su recién publicado Querida Jane, querida Charlotte, donde se adentra en el mundo de las hermanas Brontë.

Trabaja, además, como traductora literaria, y curiosamente sus novelas han sido traducidas al francés, alemán, portugués, griego y turco. Colabora en otros medios de comunicación (Radio Nacional, El País, La Razón, El Mundo) e imparte talleres literarios. Y, queridos lectores, esto no es más que un resumen de la completa vida profesional de Espido Freire quien, además, tiene su propia web oficial en internet donde podéis informaros de su agenda.


ENTREVISTA

Si hay algo que caracteriza a algunas de tus novelas es que cuando acabas de leerlas, la historia cobra un sentido distinto. ¿Cómo puedes conseguir no dar pistas que sugieran el final durante el trayecto de la novela?

Espido Freire: Teniendo siempre en mente que yo soy la autora y no una lectora más. La historia está claramente esbozada antes de comenzar a escribir. De ese modo puedo suministrar la información al ritmo que la novela precise, e incluir los puntos de inflexión o de interés que puedan enloquecer al lector. Eso exige siempre, siempre, un trabajo de comunicación intuitiva con el lector, que sólo se consigue después de romper y encajar varias veces la trama.

Otra de las características, una de las que siempre me quejo (esta es mi confesión) como lectora, es que en ocasiones no pongas nombres propios a los protagonistas... ¿Por qué lo haces?

Espido Freire: Sólo se da en una novela, en Diabulus en musica, de manera intencionada, porque la protagonista y narradora se define únicamente en función de los otros, de modo que es nuestra misión aportar hasta su nombre. Hay otro caso, el de la nena, la hermana pequeña de Natalia, que, como en muchas familias, será la nena hasta que muera. No me parece tanta omisión para cinco novelas.

Entonces son manías mías. Y así debe ser porque a pesar de esto le das importancia a los nombres, sólo hay que verlo en las tres Elsa de "Melocotones helados"...
Espido Freire: Obviamente, un personaje se define de múltiples maneras, y una de ellas es su nombre, los ecos que despierta y las razones por las que se les llamó así. O, haciendo referencia a la pregunta anterior, por qué no se les llama de ninguna manera, se emplea el apodo, o el apellido, o se hace sobre ellos el silencio. Una de las primeras palabras que aprendemos a pronunciar es nuestro nombre, nuestra seña de identidad, que, por otro lado, ni siquiera elegimos nosotros. Como casi nada en la vida.

Creo que tienes la capacidad de pasar muy sutilmente de una historia a otra dentro de una misma novela, teniendo en cuenta que hablas de varios personajes, cuando no pones nombres propios ¿no tienes miedo a que la gente se pierda?
Espido Freire: No. No me preocupa en especial. Si el lector es capaz de relacionar a todas las personas de su clase, de su familia, seguir las aventuras de los famosos en las sagas de las revistas del corazón, o distinguir a un elfo de Tolkien de un hobbit, no veo por qué he de sobreprotegerle y darle mis nombre y mis relaciones mascadas y esquematizadas. Siempre he creído en la inteligencia del lector, y no veo por qué he de cambiar ahora de idea. Además, siempre puede retroceder unas páginas, leer de nuevo y aclarar sus dudas.

Seguimos con los nombres... Es curioso que se te conozca por tus apellidos, poca gente sabe tu nombre de pila ¿cuál es el origen de que se te conozca así?
Espido Freire: No hay ninguna razón en especial. Elegí mis apellidos como seña de pertenencia a un clan, porque son hermosos y con hermoso significado (Espido significa Desnudo, Freire persona libre), y porque creo en la libertad de elegir cómo hemos de ser llamados.

Lucía Etxebarría hizo un guiño a tu persona en "Nosotras que no somos como los demás" ¿cómo reaccionaste al verlo? ¿Lo has hecho tú alguna vez o tenido la idea de hacerla?

Espido Freire: En la universidad, entre mis amigos aficionados a la literatura nos incluíamos una y otra vez en nuestros textos, como personajes, como referencias o guiños, de modo que no me sorprendió demasiado. Y creo que la etapa de los guiños y las bromas ocultas ya pasó para mí.

¿A qué tipo de público están destinadas tus novelas?

Espido Freire: No pienso en un público determinado, sino más bien en un individuo, en un lector imaginario cabal, paciente, al que le guste jugar y perderse en la novela. El sexo, la edad o la condición social me importan muy poco; quiero un interlocutor con el que construir a medias una historia.

Como lectora ¿cuáles son tus escritores/as favoritos?

Espido Freire: Shakespeare encabezaría la lista, y un buen puñado de poetas anónimos que crearon sagas, cantares de gesta y romances. Seguiríamos con poetas y novelistas del XIX, y unas cuantas novelas nórdicas contemporáneas. Soy una lectora de novelas más que autores.

Del 25 de febrero al 12 de marzo de este año, la Plataforma de Mujeres Artistas Contra La Violencia viajará a Palestina. Una de las personas que hará ese viaje eres tú; cuéntanos ¿qué se pretende?

Espido Freire: Por desgracia, y debido a la aparición de mi libro en esas mismas fechas, no puedo acompañarlas a la Plataforma, pero como todas las iniciativas que parten de ella intentan acercar una visión independiente y más mesurada que las que pueden ofrecer los medios de comunicación, o las versiones oficiales. Y, por otro lado, estos viajes, estas protestas, hacen visible una crítica que se encuentra oculta en la sociedad, o silenciada, o quizás poco presente.

Si me permites, ahora que está tan de actualidad y teniendo en cuenta que el tema no es ajeno a nadie, no hace mucho la Conferencia Episcopal aseguró que la violencia doméstica es el trago "amargo" que hay que pasar por haber llegado la revolución sexual. ¿Qué opinas de esto?

Espido Freire: Que cada cual puede manipular los hechos como desee, pero en este caso la Conferencia Episcopal ha sido cruel, conservadora, hipócrita, y muestra una preocupante ignorancia sobre las razones reales del maltrato: una ideología que prima la masculinidad, la agresividad, la posesión y la violencia sobre cualquier otra virtud. No es la independencia femenina, ni siquiera de la libertad sexual la causante del maltrato: el maltratador arremete contra cualquier cosa que le garantice su posición de superioridad: los niños, los mendigos, los inmigrantes, los viejos, las mujeres...

La Conferencia debería reflexionar antes de recomendar a las mujeres paciencia para que nada cambie, a riesgo de pagar con sus vidas la independencia económica. Por otro lado, nadie se plantea la libertad sexual masculina; al parecer, es sólo la femenina la que da problemas.

¿No te gustaría aprovechar la oportunidad -ya que eres una mujer muy leída- de escribir una novela de denuncia?

Espido Freire: No. Para eso tengo mis conferencias y mis ensayos, y mis artículos. La novela es, para mí, otra cosa, y no ha de ser mediatizada por la ideología. Esa es mi opinión, y a ella me atengo.

Sigamos con el resto de tu obra. Además de novelas has escrito un libro titulado "Aland la blanca" ¿Poesía o pensamientos?

Espido Freire: Poesía. Es un largo poema épico, en diez cantos, la gesta de un héroe en busca de su tierra perdida.

También has probado con el ensayo en "Primer amor" ¿con qué no te atreves?

Espido Freire: Hasta ahora, con los guiones. Ni con obras de teatro. Ni con entrevistas, ni con muchas otras cosas. Siempre quedan flecos.

Tu novela "Nos espera la noche", habla de un mundo fantástico, cuéntanos algo más de él.

Espido Freire: No se trata de un mundo fantástico, sino de un espacio fuera del tiempo y del espacio convencional. Parece mentira que un concepto tan sencillo pueda llevar a tantas confusiones. Por otro lado, en España hemos tenido siempre un marcado gusto por el realismo, y todo lo que escape de él recibe etiquetas no siempre afortunadas.

Normalmente hay siempre algo del autor en sus obras, tú te dedicaste a la música antigua en tu adolescencia y en "Diabulus in musica" le dedicas algo más aparte del título. ¿Qué más hay de Espido Freire en tus otras novelas?

Espido Freire: ¿Autobiográfico? Nada. No me gusta ese tipo de literatura basada en el testimonio o en las circunstancias propias del autor. En Diabulus le presté mi experiencia musical a la protagonista, y ahí terminan las coincidencias. Otra cosa es mi visión sobre la vida, o mi gusto particular por algunos temas, mis obsesiones, que aparecen de manera cíclica en las historias, y que cualquier lector puede identificar...

Con "Melocotones helados" te convertiste con sólo 25 años en la ganadora más joven del Premio Planeta de Novela ¿no te dio miedo tanta responsabilidad? Espido Freire: ¿Responsabilidad? ¿Qué responsabilidad? Ni la fama ni la presión es tan grande en un premio literario como se podría imaginar. Y una persona con 25 años es un adulto, de modo que debería saber las consecuencias de sus actos. Yo me presentaba al premio más mediático de la literatura en castellano, con lo que sería absurdo quejarse luego por demasiadas entrevistas, o fotos. Por otro lado, no hay que confundir responsabilidad con posibilidades de trabajo. Ante mí se abrieron muchas opciones, y tras valorarlas decidí marcharme una temporada al extranjero para seguir trabajando y especializarme en talleres literarios. Hace cuatro años y medio y ocho libros desde ese premio, de modo que es una etapa ya pasada.

Me gustaría tocar otro tema, tienes una web oficial y en ella hay un Taller de Literatura, ¿hasta qué punto estás implicada en él?

Espido Freire: En realidad, sólo se informa de que lo imparto. No creo en la eficacia de los talleres a distancia, y en el método pedagógico que empleo el trato es personalizado, en grupos pequeños, con una participación muy activa del alumno, y con una base de lecturas clásicas.

Entre novelas, cuentos, talleres de literatura, web oficial, presentaciones, viajes de apoyo... ¿a qué dedicas el tiempo libre?

Espido Freire: Por suerte, muchos de mis amigos se dedican a temas culturales, y los que no, acaban por engancharse también al cine, al teatro, a los recitales o los montajes a los que voy o en los que tomo parte. Estoy muy vinculada al espacio cultural Nautilus, que vertebra la mayor parte de mis actividades de tiempo libre. Dedico mucho tiempo a la lectura, a mis plantas (desde que vivo en Madrid se acabaron las excursiones al monte), me interesa mucho el diseño y la arquitectura, todo lo que implique moldear el espacio...

Publicado en Entrevistas
Lunes, 11 Abril 2016 23:40

Entrevistas

Entrevistas concedidas por Espido Freire:


Entrevista en enfemenino.com
Por Emilio Ruíz Mateo


Entrevista Anika
Anika entre libros.


Entrevista con los vampiros
Alfredo Valenzuela, RD Editores, Sevilla, 2004.

Espido Freire
José A. Barrueco. La Opinión de Zamora. 2002.


Espido Freire - El Mundo
David Torres, El Mundo, 2005.

Entrevista
Laura S. Filgueiras. Atlántico, 2004.


Programa Más que perros y gatos:
"Las cuatro gatas y Espido Freire".


Entrevista en Culturamas
28/05/2012


Entrevista en La(re)contra
16/09/2012


Entrevista en El día menos pensado - RNE
(Minuto 30:30) 11/03/2013

Publicado en Biografía

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