Reseñas (9)

Viernes, 15 Abril 2016 16:22

Donde siempre es octubre - Reseñas

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donde siempre esoctubreDonde siempre es octubre

Seix Barra, 1999

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Reseñas:

EN LA TIERRA DEL SUEÑO
Por Luis de la Peña. El País-Babelia. 26 de Abril de 1999

Espido Freire construye en su nueva novela un legendario mundo onírico


Si bien las deudas de esta novela con otras donde el territorio es una ciudad inventada son claras, esto importa porco porque ya el recurso se ha convertido en la literatura contemporánea en uso habitual, en un modo de albergar el yo individual en un lugar mítico que lo explique y desde el que poder trascender a otros espacios más allá de los meramente occidental.


Pero en el caso de Donde siempre es Octubre no se trata de un mundo para la epopeya, sino para la leyenda, porque la novela de Espido Freire, ambiciosa en sus planteamientos estéticos, es un relato que surge en ese ámbito complicado y huidizo que son los sueños, donde la melancolía y la tristeza, los deseos y la realidad se amalgaman creando un aire irrespirable y obsesivo, pero necesario para descubrir la confusa trama del yo.


Oilea es la ciudad que nace en el lugar impreciso de los sueños, allí donde se constituye la leyenda de los seres reales y oníricos, la ciudad que alberga el amor, la pasión, el rencor, la crueldad, el silencio y el odio, la ciudad donde nunca es octubre porque siempre lo es, d
onde el tiempo cobra una dimensión inmóvil y circular, sin un antes y un después, donde todo conduce al origen, porque es el origen mismo y el destino.

Aquí hay cuentos de hadas y mariposas, aconteceres cotidianos, muertes, gentes antiguas que acarrean su historia de agua y tristeza; desolación o ilusiones que transitan por eestos seres de leyenda hasta construir un territorio, un espacio mítico en el que acontece la aventura de la existencia, de esa existencia plagada de anhelos y soledades, de habitaciones cerradas y calles que van a dar a la orilla de la soledad. 

Los personajes de Espido Freire están constituidos por la sustancia del mito, pero partiendo de la realidad misma, esa realidad desde la que se yerguen y originan los sueños. Personajes dibujados por rasgos obsesivos y arquetípicos, cumpliendo un papel coral hasta organizar la novela como un friso fantasmagórico, poblado de sombras y luces que se debaten ante la impotencia de ser, y reconocer en ellos el propio fracaso.


La autora aborda la escritura desde lo fragmentario, con secuencias, personajes, historias que van y vienen, que se cruzan y se reencuentran sin otro anhelo que constituir un mundo, el de Oilea, cerrado y asfixiante que devora a sus propias criaturas, con voces múltiples y diversas personas narrativas, para crear un conjuntoperturbador, una ciudad fantasmal e interior partida en dos mitades, norte y sur, por la calle de los Cerezos y un cementerio que la contempla. Una novela que apuesta y arriesga por una escritura necesaria, seguramente poco complaciente, pero capaz de indagar en lo oscuro e inexplicable.

DONDE SIEMPRE ES OCTUBRE
ESPIDO FREIRE

Por Pilar Castro. El Cultural, Febrero 1999

Como fue Macondo para García Márquez, Comala para Rulfo, o el condado de Yorknapatawpha para Faulkner. Como Vetusta para Clarín o Castroforte para Torrente. Así es Oilea para su autora. Un escenario inmóvil, hermético, hostigado por una atmósfera asfixiante, habitado por un tropel de personajes que entretiene con un puñado de deseos intransitivos. Donde la realidad no se opone al castigo del aburrimiento; donde la vida, siempre igual, se nos cuenta en historias pequeñas, tantas veces más próximas a la verdad que las escritas y publicadas con H mayúscula. Como diría Onetti. Porque Oilea, la ciudad circular, donde siempre es octubre también es como su Santa María. Un lugar de los que suelen ser tildados de territorios míticos por existir sólo en el espacio de la ficción, como pensado para representar el mundo. Mejor dicho: un mundo. El que quiere contar Espido Freire (Bilbao, 1974) a través de esta novela; la segunda desde que hace un año se dio a conocer con Irlanda, otra historia, mucho más sencilla en sus medios y de trama menos ambiciosa; pero anunciadora de posibilidades que aquí la revelan exigente y sorprendente, capaz de refundir voces maestras y estilos procedentes de la literatura occidental en unos modales expresivos soberbios, en una capacidad persuasiva poco común.


Quizá sobrante de algunos tópicos, de algún que otro tic iniciático, fácil de pulir. Nada que estorbe a esta valiente y arriesgada propuesta narrativa. Que advertimos cautivadora para quienes disfruten de esos lugares donde los únicos sobresaltos derivan de una acción desencadenada por palabras llenas de soledades, recuerdos, secretos y confidencias que acogen y sobrecogen. Que lastiman a sus sujetos porque sólo las piensan, las lamentan o las desean. No las comparten.


Se nos ofrecen como parte de un discurso que simula perderse en un nosotros, fragmentario, lleno de sutilezas, ambigüedades y agudas elipsis temáticas y temporales. Al modo de las novelas corales en las que cada uno, cada una, al hilo de un recuerdo siempre resumido en el mismo, el único en el que se reconocen, rompen a hablar, entre retazos de historias que se rozan unas a otras. Porque confían en la sagacidad del lector para saber deducir y recomponer lo que parece perderse entre tantas voces.


Ellas nos van dando signos de esa ciudad sin antes ni después, acomodada en la rutina de una existencia de órdenes impuestos por costumbres rancias. Regida por un tiempo que nadie asume, pero nadie puede impedir; y así llega octubre, cada año, subrayando su paso. Como en Santa María, la misma quietud tomando la ciudad y sus gentes, devorándolas a su antojo, como sólo ocurre cuando el tiempo insinúa su protagonismo erigiéndose en el contenido de acciones inmóviles, y también en su fondo.


Como en Oilea. Donde el amor, el rencor, el odio y la crueldad son los movimientos más transitados por el tropel de personajes sobre el que se sostiene. Aunque son las mujeres quienes más las padecen. Ellas ocupan el primer plano de ese micromundo atosigado por los límites de sus imperativos físicos, sociales y morales. Los primeros vienen impuestos por una calle que divide la ciudad en Norte y Sur, la calle del Cerezo, imponiendo las dos zonas de la vida dentro de ella. De un lado sus hijos predilectos, la fábrica y sus dueños, los encuentros en el casino, los conciertos de violoncelo..., para disfrazar el aburrimiento. Del otro gentes deseosas de otra vida, de otro lugar más allá de Oilea , de probar el mundo de otro lado. La misma espiral de rutina. Al fondo la presencia del cementerio presidiendo estas vidas mortecinas, acogiendo la indiferencia ante los muertos de los dos lados de esta historia.


En ella puede oírse el duelo de amor de muchas mujeres; puede verse a otras que no esperan demasiado de él. Puede distinguirse la traición y es posible leer en sus gestos la rabia y el rencor. Quizá por culpa de un hombre en el que todas pusieron la medidas de sus deseos. Pero así fue, hasta la última noche de Oilea. Como cuenta esta leyenda que ha prometido convertirse en el principio de una trilogía desde ahora esperada para confirmar a su autora con otra historia como ésta, larga, entrecortada, llena de momentos brillantes y misteriosos... Son palabras de Onetti.

LOS HILOS DEL TAPIZ
Por Juan Carlos Peinado. En CRITICA, 1999

Hace apenas un año aparecía el primer libro publicado de la escritora bilbaína Espido Freire. A pesar de la juventud de la autora (nacida en 1974) y de la inevitable alharaca promocional derivada de tal circunstancia. Irlanda era una novela corta que no se doblegaba ante modas, precisa y sólida en su construcción, turbadora y sugerente en su propuesta moral y en la creación de atmósfera muy peculiar. Era una primera obra editada, pero la seguridad con que se trazaba su mundo ficticio parecía indicar que detrás de aquel relato existía un universo propio ya tanteado y, tal vez, explorado a través de la escritura. Donde siempre es octubre, su nuevo libro, supone una inmersión más ambiciosa en ese mundo imaginario, uno de cuyos espacios - aunque tal vez no el único: con el tiempo se verá - es la ciudad de Oilea, escenario (y también protagonista) por el que se mueven decenas de personajes de una fábula coral.


Aunque el modo detallista y sutil de la escritura que se practicaba en Irlanda continúa en este segundo título de nuestra autora, existen entre ellos notables diferencias que apuntan hacia un importante salto cualitativo. En primer lugar, frente a la indefinición de espacio y tiempo de opera prima, en Donde siempre es octubre se va construyendo poco a poco toda una geografía (el plano de una ciudad y su radiografía social), al tiempo que sus habitantes se muestran fatalmente sujetos al devenir de una historia compartida. Así, desde un presente de decadencia para Oilea, asistimos a la recuperación de un pasado brillante que, sin embargo, guardaba la semilla que con el tiempo acabaría destruyendo la ciudad. Hay, por tanto, una ambición demiúrgica de totalidad, una narración en la que se aspira a fundir la diversidad de la vida privada con lo colectivo.


Ese planteamiento, que puede sonar bastante a aspiración decimonónica, se lleva a cabo a través de una concepción novelesca bien ajena a la linealidad narrativa. Donde siempre es octubre es, en principio y fundamentalmente, un libro de relatos (veinticinco en total), la mayoría muy buenos, ovos -tributo a la necesidad de establecer relaciones entre personajes o completar su retrato- tal vez sólo funcionales. Y algunos de ellos, como Figuritas, Carbón o Feigenbaum entre otros, espléndidos. Cada uno de esos relatos es un acercamiento a un habitante de Oilea, una mirada a su existencia que, desde lo anecdótico y circunstancial, va avanzando hacia las entrañas de su conciencia y de su memoria. Pero al mismo tiempo, conforme se va sucediendo la lectura de los cuentos, las que eran escuetas alusiones a otros personajes o a lugares aparentemente intrascendentes, van adquiriendo la naturaleza de piezas de un puzzle cuyo dibujo se perfila progresivamente, hasta alcanzar las dimensiones y la coherencia de un mural: Oilea. Lo mismo ocurre con el empleo del tiempo. El caos inicial, la sensación de que cada historia personal constituye un departamento estanco, da paso -previo tributo de un esfuerzo del lector, por fortuna- a un tiempo único en el que es posible advertir una cronología.


Esta tendencia gradual a la interrelación es la que, junto a una visión del mundo unitaria proporciona la coherencia a un libro que, muy lejos de Irlanda (que era una nouvelle casi canónica). hace equilibrismos entre la colección de relatos y la novela. Sin embargo, esa progresión también tiene sus inconvenientes, y así en los últimos textos asistimos a un cruce de personajes y a un desfile de situaciones tal vez demasiado presurosos y deshilvanados. La necesidad un tanto arbitraria de hacer converger todos los hilos en un gran final no era, en mi opinión, necesaria: el tapiz era más bello cuando nos obligaba a contemplarlo sin orientaciones. De cualquier modo, el libro obedece a un plan ficcional tan meditado que a pesar de su estructura ftaa mentaria, la trabazón de los elementos permanece intacta, y esa innegable pericia debería ser, en estos tiempos que corren, motivo suficiente para adelgazar reparos menores.


La labor de orfebrería narrativa no es, sin embargo, lo más relevante de Donde siempre es octubre. La lejanía (también la fascinación) que imponen los nombres de origen germánico o galo (Delian Aryam. Guillemette, Villiers, Ydgard), esa ambientación con remoto sabor victoriano, son sólo vistosas envolturas del universo que urde Espido Freire, envolturas que muy pronto dejan a la intemperie a un puñado de hombres y mujeres, simplemente. Nadie es feliz en Oilea. Unos, los del Sur, porque viven un tiempo envenenado por el resentimiento, por la conciencia de la injusticia y la necesidad -material y moral- de poner un pie en el lado norte de la calle de los Cerezos, aún a costa del oprobio. Los del Norte, el sector elegante de Oilea, son personajes siempre mordidos por la frustración de un deseo muchas veces moribundo desde su mismo nacimiento. Y sin embargo, en sus retratos no hay concesiones a la caricia plañidera. sino tal vez todo lo contrario. Espido Freire tiene una especial capacidad para rodear a sus criaturas de un halo de crueldad. Éstas actúan o piensan sumidas en una extraña indolencia del mal bajo la que late siempre, al fin, una indefinible ternura, una posibilidad de comprensión. Es en esta complejidad psicológica y en sus propiedades turbadoras donde, como decía, reside lo mejor del libro o, al menos, lo que ha de pesar en la más eficaz instancia crítica: la memoria.

Jueves, 14 Abril 2016 23:26

Primer amor - Reseñas

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primer amor1Primer amor
Temas de hoy, 2000

 

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ESPIDO FREIRE PUBLICA 
UN ENSAYO SOBRE LOS CUENTOS INFANTILES 
Por Miguel Mora. En El País. 28 de Septiembre de 2000 

Ganadora del Premio Planeta en 1999 con la novela Melocotones helados, Espido Freire (Bilbao, 1974) ha preferido continuar su precoz carrera de escritora con un ensayo. Se titula Primer amor, y lo ha editado Temas de Hoy. El título no refleja del todo bien su contenido. Freire habla, en efecto, de un primer amor en la introducción del libro, pero luego se mete de cabeza, desde el humor y la ironía y tratando de traerlos a la actualidad, en el complejo universo de los cuentos infantiles para intentar desentrañar sus misterios y sus claves secretas.

"La editorial", explica, "estaba interesada en que hablara de mi primera pasión amorosa, pero pensé que era demasiado joven para hacer autobiografía y que era difícil decir nada nuevo sobre el amor, así que lo uní con un proyecto antiguo, el de entrar en la morfología, la semiótica y los roles de los cuentos infantiles"

Dotada de una pluma fácil - quizá reflejo de su extraordinaria labia-, muy interesada por la psiquiatría, la psicología y la astrología ("son parcelaciones del comportamiento que suplen bastante bien la inexperiencia"), Freire recrea una historia que no fue exactamente de amor. "En el barrio éramos dos amigas muy amigas, Elsa y yo, y durante una temporada compartimos a un novio, un chavalillo muy majo. Pero el primer amor no fue ése. El' primer amor siempre es más que eso, porque es el que se vive de una forma única; y los que vienen-luego son sólo reacciones o confirmaciones del primero, que es el modelo para siempre".


Escatología y Sexo

Respecto a los cuentos infantiles, tanto los escritos como los orales (a los que ella estuvo muy próxima en su infancia gallega), Freire se declara una forofa absoluta, y dice que no distingue nacionalidades (pero si géneros) y que los sigue leyendo. "Los cuentos están llenos de enseñanzas afectivas y de consejos para la vida. Las fábulas guardan las claves morales. Los mitos y las sagas dejan descubrir las raíces sociales. Todos, de una forma o de otra, contienen atrocidades, pero, desgraciadamente, se han ido edulcorando con el tiempo".
¿Desgraciadamente? "Claro, a los niños les encanta la escatología, el sexo, el miedo, y no les queda ningún trauma por oír historias crueles o explícitas. La inocencia de los niños es una falsedad, una mentira".
Y algunos de los cuentos más célebres, dice Freire, son "un verdadero catálogo de consejos, un manual de cómo comportarse en el futuro, incluso una guía de caza, acoso y derribo para niñas en edad de ligar. La bella durmiente y Cenicienta son sendos manuales de seducción. Cenicienta es activa: incita, provoca y consigue. Trabaja mucho, el sábado se pone guapa, se va a bailar a la discoteca, conoce a un chico, le deja el teléfono (el zapato) y se marcha. Él rastrea un poco y al final la encuentra. La bella es mona y pasiva. La típica que espera sentada en un rincón.

Primer amor
Por Mantis y Religiosa, Impar #1, Marzo 2001

Ya no es novedad aunque siga siéndolo. Que la penúltima premio Planeta entre melocotones helados y poemarios inéditos, decida hacer un alto para hablar del amor- del primer amor- es una primicia. Decía San Juan, -el más santo de los santos-, que a la tarde seremos examinados en el amor, y Espido ha pasado con buena nota el examen, al menos teórico, del arte más antiguo del corazón.
Escudriñando en la memoria infantil que todos guardamos celosamente, y a la que pocos quieren volver la mirada - como el alado pájaro de Borges que no avanzaba por mirar atrás -, junto a las mejores y más imborrables sensaciones, nace "Primer amor". Plagado de héroes y villanos, príncipes azules - que no lilas, como cantaba Guillermina Motta - y princesas netamente insulsas... todo ello mezclado con aroma de tartas de colorines, castañas asadas, abrazos maternos y reprimendas paternas, tardes de deberes, uniforme de salesianas y meriendas de pan y quesito, mapas geográficos de una Europa no comunitaria... Pero no crean, que esta melé es una revisión, no tomista, cargada de irreverencia y descaro en la que la autora se impide la curar estupideces míticas y machistas como la de la sirenita abocada a abandonar su casa bajo el mar, en pos de un hombre que tiene la desvergüenza de tener piernas en lugar de escamas, o destronar del altar de mito al paladín de la inmadurez voluntaria, llamado Peter y apellidado Pan. Y así, la incontinente autora, entra y sale con impunidad de decenas de cuentos como Ricitos de Oro, la Ratita presumida, la Princesa y el guisante, Alí Babá y los cuarenta ladrones... y el sinfín de literatura engullida en los cuentos de aquella extinta colección de Miniclásicos.
Si para conseguir un bien natural - propio, exigible y reivindicable - como es el amor, hay que sufrir lo indecible, como si de un bolero interminable se tratara, yo me apeo. Ella, Espido, también se apea. Ella, y quien esto escribe, reniegan de las lágrimas vertidas por tanta malditamente bella desesperación y, una y otra, nos negamos a que el amor se escriba siempre en clave de dolor y con sinónimos de desesperanza.
No lo olviden: a la tarde, se nos examinará en el amor y al que intente subir nota, sufriendo por arrobas, se me ocurre penalizarle haciéndole repetir curso.

El Primer amor
El Periódico de Alava, Vitoria, 15 de Octubre de 2000

Nacida en Bilbao hace 25 años, Laura Espido Freire ha estado desde pequeña ligada al mundo de la música, la escritura y el dibujo. En la Universidad de Deusto fundó dos revistas de opinión y de creación literaria. Su primera novela salió publicada en 1998 con el título de Irlanda. Más tarde, y de manera casi consecutiva, ha sacado al mercado Donde siempre es octubre y la premiada Melocotones helados. Durante casi un año Espido ha estado de gira con su amiga y finalista del Planeta Nativel Preciado. Con su novela Melocotones Helados que ha alcanzado su décima edición en enero del 2000, fue publicada en abril de este mismo año en Turquía (Güncel Yayincilik) y el año que viene en Alemania (DVA), Francia (ActesSud) y Portugal (Dom Quixote). Su sobriedad y madurez, a pesar de su juventud, están fuera de toda duda. Ahora acaba de publicar su nueva novela Primer amor.
Espido Freire publica un nuevo libro llamado Primer amor en el que vuelve la vista al pasado para recordar el primer beso y también la primera herida; la pasión deslumbrante y la furia de esa experiencia sentimental que suele quedar fijada en nosotros de forma indeleble, y muchas veces la decepción que pone 6n a ese sueño tan buscado. Espido Freire ha señalado que no se vive más amor que el primero. A partir de ahí comienzan a amontonarse. De hecho, no se siente más amor que el primero, rememorado una y otra vez. Conocida por sus novelas, con "Primer amor" Espido Freire ha recurrido a un género distinto, el ensayo, sirviéndose de unos estudios que realizó sobre cuentos infantiles y mezclándolo con análisis sobre el primer amor, descartando los aspectos autobiográficos. Ahora Espido nos da su visión particular sobre el mundo de los viajes.

¿QUÉ CONSIDERAS IMPRESCINDIBLE PARA LLEVAR EN UN VIAJE?
Crema protectora, porque tengo la piel muy blanca y me quema el sol.

¿A QUÉ LUGAR NO VOLVERIAS JAMÁS?
A ninguno. Siempre he deseado volver a los sitios en los que he estado.

¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES SITIOS QUE HAS VISITADO?
Conozco bastante bien Europa, y gracias a Planeta también Latinoamérica. No conozco África, ni Asia y por supuesto tampoco Australia.

¿TE GUSTA VIAJAR SOLA O MEJOR ACOMPAÑADA?
He viajado casi siempre sola, pero no importa llevar a una amiga o una amigo con el que me compenetre.

¿CUÁNDO LO HACES SOLA ES BIEN POR MOTIVOS LABORALES O MÁS BIEN POR PLACER?
Lo hago más por placer que por motivos laborales. Es decir, a veces me voy un par de meses a Inglaterra para mejorar mi inglés, o me voy una temporada a otro sitio, pero siempre está el deseo de vivir una temporada en ese sitio.

CREES QUE ES ESENCIAL CONOCER PRIMERO EL PROPIO PAÍS ANTES DE SALIR A UN PAÍS?
Sí, es imprescindible. De hecho cuando yo era pequeña me llevaron a conocer de punta a cabo todos los lugares de España, incluyendo Portugal.

¿CUÁL ES EL PAÍS DE TODOS LOS QUE HAS VISITADO, QUE MAS TE HAYA IMPRESIONADO?
Sin ninguna duda, Noruega.


¿POR QUÉ?
Por la belleza incomparable e indescriptble del paisaje. Esos contrastes tan dramáticos de cielo, agua, nubes y niebla, fiordos montañas,... Es impresionante.

¿CUÁNTOS SITIOS A LOS QUE HAS IDO TE HAN SERVIDO LUEGO DE INSPIRACIÓN PARA ESCRIBIR ALGUNA DE TUS NOVELAS?
Yo creo que todos, pero siempre aparecen enmascarados, casi nunca si este cuento o tal novela está inspirado en Aveerdeen o en París. Lo que ya hago es que voy tomando pequeños datos y los enmascaro.

CUÁNDO SALES FUERA ¿TE GUSTA INFORMARTE DEL SITIO AL QUE VAS A IR?
Sí. Preparo mucho los viajes, y retojo información en revistas, periódicos y guías para hacerme una idea de cómo es, al menos en cuanto a datos geográficos. A partir de ahí es historia.


¿QUÉ ANÉCDOTA RECUERDAS CON MAYOR AGRADO O DESAGRADO DE TODOS TUS VIAJES?
Una vez que me perdí en los barrios bajos de Porsmuth siendo muy jovencita. Me metí un sábado por la noche llevando minifalda y escote en el barrio chino, y salí de allí, literalmente corriendo y pedir un taxi.

¿CUÁNDO VIAJAS A UN PAIS DIFERENTE SUELES DEGUSTAR LA COCINA TIPICA DEL LUGAR?
Sí. No soy nada de McDonald’s, ni tampoco de grandes restaurantes.
Lo que suelo hacer es acercarme a una tienda pequeña y pregunto. Después me acerco a una fonda o una posada o barecito del lugar.
La verdad es que cada ciudad tiene esas cosas agradables si es de buen paladar.

Y CUANDO VIAJAS, ¿QUE MEDIO DE TRANSPORTE PREFIERES?
El tren, pero hay lugares en los que es imposible ir en tren, y por lo tanto has de ir en avión.

DE LOS LUGARES QUE HAS VISITADO, ¿A CUAL TE GUSTARIA IR?
Muchísimos lugares a los que me encantaría llegar. Por ejemplo determinadas ciudades rusas.

Primer amor
Por Pilar Castro, El Cultural de El Mundo, 18 de Octubre de 2000

Del amor, las mujeres, los hombres y la vida trata este libro. Dicho así puede parecer uno más entre la amplia y variada gama e discursos de carácter divulgativo llamados a tener buena acogida porque a todos señalan con títulos que invitan a enredarse en consideraciones sobre las emociones hurnarras. Y es que el amor -muchos lo han dicho, aunque pocos, como Benedetti, han acertado a expresarlo tan certeramente- "es uno de los elenientos emblemáticos de la vida. Breve o extendido, espontáneo o minuciosamente construido, es de cualquier manera un apogeo en las relaciones humanas". Y en su enigmática fuerza busca empuje, también, este volumen singularizado más que por sus argumentos por el original planteamiento de su autora. Es lo último de Espído Freire (Bilbao, 1974), una voz ya con un nombre propio cosido a tres novelas -Irlanda, Donde siempre es Octubre y Melocotones helados- de espléndida acogida y el último premio Planeta a sus espaldas.
Pero lo de ahora no es ficción, aunque tire de ella, y de la memoria, para convocar a un tropel de protagonistas y situaciones del imaginario infantil con el fin de ilustrar su propuesta, que consiste en ofrecer su personal visión de un "espinoso tema": el del "primer amor" que "no es siempre el primero -aclara- sino el que ha quedado fijado de forma indeleble. El que sirve de referencia y guía para las relaciones posteriores". Porque "no se siente más amor que el primero", el único -sostiene- que resume "lo mejor y lo peor de la experiencia sentimental". Así de categórica se muestra la autora al respecto, y para argumentar que en ellos pesa el lastre de lo aprendido en las nada inocentes historias infantiles acude a algunos de los ejemplos literarios míticos, como Cenicienta o La Bella Durmiente, a los príncipes que requerían sus amores, y a las hadas que resolvían con la magia los impedimentos sociales o morales. A partir de ellos recrea modelos y arquetipos humanos y compone ¡a trarna de los amores que unas y otros protagonizan. En ella entrarían la categoría de "los tímidos"que prefieren optar por objetos de an-ior "imposibles", la de las "heroínas resignadas al "sufrimiento" de sus amores "siniestros", la de las relaciones `convencionales" convertidas, con el tiempo, en "cobijo contra el mal tiempo", y la de los amores "furtivos", los que se asumen "invisibles" porque el suyo es otro "rnodo de amar".
¿A dónde le llevan esos personales? A reivindicar la necesidad de saltar de una vez del cuento a la vida, a desasirse del efecto de lastrosos patrones y a concluir que, de alguna manera, esas historias son responsables de ilusiones que no caben en el mundo real. Al menos en la realidad de un tiempo como el presente, en el que tanto parece haber cambiado la idea del amor y de las relaciones afectivas y tan escasos son los resultados; en el que "las mujeres han evolucionado tremendamente y los hombres no han cogido su paso", en el que urge disipar fantasías y miedos para atenuar los efectos de tanta "acción heroica" sobre el "primer amor".
Estas consideraciones contienen las ideas más graves y afortunadas del libro. En ellas se reconoce a una escritora tajante y dinámica, de ideas firmes y firmeza a la hora de exponerlas. No sucede lo mismo con el grueso del libro que, aunque funciona con eficacia gracias a un material de fondo bien aprovechado, al ingenio del planteamiento y a las agudezas de las que bebe su buen estilo literario, muestra gateras. Que tienen más que ver con las razones sustentadas para justificar la rotundidad de su idea inicial, forzada a responder a lo anunciado en el título, con la exposición de sus motivos, que en ocasiones se dispersan en reflexiones generalizadoras en torno al amor, las mujeres y la vida, que con la reserva de recursos expresivos de los que hace gala. En ellos están sus mejores aciertos, y ¡claro está!, en el enfoque: en la idea de tirar de la memoria para evidenciar la necesidad de lanzarse a la conquista de un territorio personal que deje de rendirle vasallaje a la graniática de los cuentos de hadas.

Jueves, 14 Abril 2016 23:02

Aland la blanca - Reseñas

Escrito por

aland la blancaAland la blanca
DeBolsillo. 2001

 

 

 

 

 

 

Reseñas:

>Espido Freire publica 'Aland la blanca', su primer libro de poesía.

La Verdad Digital. 9 de Abril de 2001

Cuando Espido Freire se planteó el tema de la búsqueda de la ciudad perdida, inspirada por la visión de una escultura alada incrustada en el mar, tenía muy claro, según dice, que sólo podía llevarlo a cabo a través de la poesía. «Me siento cómoda en todos los géneros -aclara la escritora-, me da igual la novela, el cuento, la narración o la poesía, porque la herramienta es la misma: la palabra. Pero esta historia sólo podía ser contada mediante el verso».

Publicado por la editorial Temas de Hoy, en su colección Debolsillo, Aland la Blanca fue presentado públicamente ayer por el director de la Biblioteca Nacional, Jon Juaristi, y por la directora de la colección, Ana María Moix, en el Forum de la Fnac de Madrid. El libro, que consta de un solo poema estructurado en diez partes o cantos, es, según explicó, un itinerario por la búsqueda de la ciudad mítica y pérdida. «La búsqueda del héroe que sólo hallará la muerte al final del recorrido», precisa.
Cada canto narra los diferentes estados por los que pasa el héroe en su búsqueda de Aland, una ciudad mítica hundida en el mar a causa de una hecatombe en la que sobrevivió un niño, el menor de los hijos del décimo rey de la ciudad.

El poema se inicia al modo clásico, con un canto introductorio del mendigo ciego que narra la destrucción de la ciudad. Y con un segundo canto, en el que se presenta al héroe, Jantes, el niño salvado de las aguas por la misericordia de los dioses, que se ha criado en una aldea de pescadores, y que cuando es adulto se prepara para retomar al mundo de su infancia, un tiempo que no se sabe si es realidad o un simple sueño.

De este modo, todo el poema se sitúa en un espacio imaginario donde el lector viaja a través del tiempo en un recorrido en el que la autora evidencia las dificultades de preservar el reino de la ilusión y de los sueños en una sociedad en la que cada vez, en su opinión, se intenta más controlar más la realidad. Enfrascada en la escritura de dos novelas a la vez, la joven escritora bilbaína está pensando, según anunció, en tomarse, tras la conclusión de ambos libros, un año sabático en el que se irá a Noruega, «a descansar, a estudiar el idioma y a desconectar», concluye la autora de Donde siempre es octubre.

>Buscando la ciudad perdida.
Por Concha García. ABC. 30 de Junio de 2001

Aland la Blanca emula ser un poema épico. El primero de Espido Freire (Bilbao, 1974). La gesta, dividida en diez partes, nos habla de una mítica ciudad sumergida que cuenta con un único superviviente, hallado dentro del relato en otro tiempo y lugar, Jantes, al que no le cuesta nada recobrar la memoria de su origen cuando encuentra un brazalete en el mar faenando con su progenitor, un humilde pescador. Que la ciudad sea engullida por una maldición a causa de su exagerado fasto y riquezas nos lleva a pensar que la autora, situándose en un punto de vista de justiciera bíblica, es muy crítica con la opulencia y por eso sólo salva la figura de 1a inocencia, un niño que resultará ser Jantes, el héroe que busca esa mítica ciudad y la simboliza situándola en un sur lejano, tópico de la felicidad perdida: «Todos los senderos son iguales. / En el sur habitan hombres que conocen el camino / pero ¿cómo llegar al sur?»

La aparición, en la parte cuarta de este relato, de tres hermanas cautivas en una cueva donde arde un fuego mientras ellas hilan, dota al mismo de unas inusitadas imágenes que nos transportan a un cuento de hadas: «Las tres callan. Por un momento / la rueca se detiene. / Recuerdan los tiempos pasados, / sus vestidos blancos, / cuando abandonaron la gruta / en los bautizos felices, / para bendecir la suerte de los vivos / o indicar el camino a los héroes / que se adentraban en lo oscuro». Inmediatamente después, en la parte quinta, el héroe aparece «armado hasta los dientes / ahogado por el amor del pueblo» y descubrimos que es el niño que ya se ha convertido en héroe justiciero. Pero todo es inútil, el mal reina por doquier y el escepticismo también pone su granito de arena en boca de la hechicera que tiró el brazalete al mar: «Esa es mi magia, humano: / no conocer mi futuro, / engañarme con los reflejos del sol. / Márchate, no hay oráculo. Tanto da la muerte de uno que de otro».

Contra la codicia desmedida

¿Moraleja? Que no hay nada que hacer contra la codicia desmedida del ser humano y los héroes ya no salvan a nadie, porque estamos en un mundo donde sólo existe la maldad y la soledad.

Dice Espido Freire que siempre ha tenido una concepción épica de la existencia, y en este poema lo demuestra sobradamente guiada por una idea mítica de la historia cuyo alimento se nutre de las fantasías que nos dejaron los legados literarios del Medievo. Cabe preguntarse si este relato, que no poema, además de dejar en el lector una serie de imágenes de cuento fantástico, es capaz de conmovernos, o de acercarnos un poco a nuestra triste condición de mortales, aunque haya puesto tanta distancia por medio. También nos dice la autora que lo intangible, lo no explicable, sólo puede abordarse con palabras sin sentido: mediante poesía en definitiva. La confesión de muchísimos escritores de que la poesía no es un asunto de seres sensatos me sigue preocupando, y, sobre todo, cuando intento ver dónde está la poesía en este precioso relato: «En el puerto, mientras la pira arde / la nave negra suelta las amarras, / y en la tarde, sin nadie que la guíe / surca el mar camino del norte, / como si recorriera una senda / muchas veces conocida».

ultima batallaLa última batalla de Vincavec el bandido

S.M. 2001

 

 

 

 

 

Reseñas:

Espido Freire : "La literatura juvenil es ñoña y didáctica", Antonio Paniagua.

Por María Luisa Pedrós. Cultura & espectáculos. 19 de Abril de 2001

La escritora publica “La última batalla de Vincavec ed Bandido”, una novela para jóvenes

Espido Freire ha sido una devoradora de libros infantiles; pero de adolescente dejó las etiquetas literarias y se lanzó a la lectura de, libros considerados sóló aptos para adultos. Desde esta perspectiva considera un "mal menor" que existan novelas y relatos para jóvenes, y echa de menos que apenas se lean en la actualidad obras de Julio Verne. "Me crispa que se intente dar a los. adolescentes todo mascado", asegura la escritora y ganadora del premio Planeta. Con la publicación de La última batalla de V'incavec el Bandido (Ediciones SM), Freire ha realizado una incursión en la literatura infantil que espera sirva para alentar la fantasía y la imaginación entre los más jóvenes, a los que ve atrapados entre “la alienación y un espíritu de independencia” manejado por el marketing.

Después de entregar a la imprenta nada menos que siete libros en tres años, entre ellos un poemario, Espido Freire piensa concederse un periodo "ascético de descanso de seis meses". La primera novela de esta autora para lectores precoces entrevera la intriga y los mecanismos del juego de rol para narrar la historia de una niña, Lidia, que escribe historietas para la revista del colegió. Lidia es un trasunto de la adolescente que fue Espido Freire, quien también a sus pocos años no paraba de idear aventuras.

"De pequeña no llegué a conocer héroes ni mitos, sólo los del cine y la televisión, entre ellos los de las jóvenes modelos Por eso había que inventar historias En el Instituto de Educación Secundaria no ocurría nada, era todo muy aburrido, al contrario de lo que nos prometían los libros de aventuras", dice la autora bilbaína, quien reconoce que si en todos los sitios existe necesidad de soñar, "en el País Vasco todavía más". Para Freire, si de algo peca la literatura infantil y juvenil es de ser "ñoña, didáctica y políticamente correcta". La escritora lamenta el desprestigio de la fantasía y confiesa que se siente encandilada por los personajes que se saltan las rígidas normas de la literatura infantil.

La autora de Irlanda asiste un tanto perpleja a la propagación de la estulticia y la preponderancia de los valores vacuos entre la juventud, mientras se "pierden modelos de referencia, sobre todo pára las chicas, que no quieren ser ni científicas ni investigadoras, ni…”.

Primera novela juvenil de Espido Freire. 
Terra.

La relación de una joven que escribe historietas para la revista del colegio y sus personajes, que le comunican sus deseos y sus necesidades, centra La Última batalla de Vincavec el bandido, la primera novela juvenil de Espido Freire.
La obra, publicada por SM en su colección El navegante, tiene como protagonista a Vincavec de Fafnir, jefe de una banda de proscritos que defienden a los humildes y luchan contra los opresores.

"En mi adolescencia no tuvimos referentes juveniles y teníamos que inventarnos historias, pero todos querían ser los protagonistas, de modo que, como yo tenía cierta capacidad de observar y contar el mundo que me rodeaba, no me quedó más remedio que ponerme a escribirlas", explicó Espido Freire.

"No ocurría nunca nada de lo que se veía en las películas o se leía en los libros y nadie tenía en cuenta el silencio, el miedo, las ansias y la desorientación de los adolescentes", agregó.

Hoy la situación "no ha mejorado nada y las adolescentes todavía están peor porque no encuentran ni científicas, ni biólogas ni escritoras en las que querer convertirse, sino sólo la referencia del éxito rápido y de la falta de responsabilidad que no existe en la realidad".

El objetivo de este libro es, según la escritora, "aportar una visión diferente" y "otros modelos" porque "si antes no creía en la literatura juvenil por sí misma ahora pienso que puede ayudar".

Se trata, pues, de "una historia de aventuras con sus tópicos, en las que el malo es ambivalente, porque no es el que cumple su papel en la historia, sino que el auténtico villano es el que pretende controlar las historias que escribe la protagonista".

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La última batalla de Vincavec, El Cultural (El Mundo).
Por Care Santos. El Cultural (El Mundo). 18 de Abril de 2001

Después de ganar el Planeta, con tres novelas en su haber, la inquietud de Espido Freire se ha inclinado hacia otros derroteros literarios. Si primero fue el ensayo, seguido del cuento o la poesía, ahora la joven autora aborda un terreno más familiar: el de la narrativa para jóvenes. Lo hace con una novela que bebe de fuentes muy literarias –los cuentos infantiles, principalmente– y que los lectores más fieles encontrarán sutilmente emparentada con el universo de sus anteriores entregas novelescas. Sin embargo, parece percibirse aquí –y es el hallazgo de este libro– una voz mucho más espontánea, mucho más ágil. Incluso más verosímil. Desde luego, Freire afina su pluma cada vez más. Pero no es sólo eso. Tal vez sea el repetido uso del humor –que no sólo servirá para acercar el texto al lector joven, sino que cautivará al más ducho–, el flirteo con las herramientas propias del escritor o el juego de espejos que plantea la historia misma entre la rea-lidad y la ficción. El caso es que esta novela representa un paso firme en la carrera literaria de su autora, y ninguno de sus seguidores, o de los que no lo son, debería dejarla escapar.

La anécdota contada en La última batalla de Vincavec el bandido es doble: Lidia, aficionada a la escritura y colaboradora en revistas escolares, ha inventado un personaje del que está enamorada: un bandido llamado Vincavec que, al modo de Robin Hood, roba a los ricos para ayudar a los pobres. Para él ha creado Lidia un reino idílico, una región sublevada contra un gobernador despiadado, una pandilla de secuaces buenos y un batallón de soldados malos. En la trama principal se insertan las historias que la protagonista inventa, cocinadas con los mejores ingredientes del relato de aventuras clásico y más de un guiño a lo cinematográfico. La trama empieza la noche en que a Lidia se le aparecen sus personajes para insubordinarse contra su propio destino. Una idea varias veces repetida en literatura –Niebla, de Unamuno, es referente obligado– pero a la que la autora sabe sacar gran partido. 
Como debería imponer la colección en la que se inserta –escribir para jóvenes implica una gran responsabilidad que muchos autores olvidan–, la novela no permite descanso al lector. Seducirá, entretendrá y divertirá a lectores de cualquier edad. Es una buena novela y, en el sentido apuntado, un acto responsable.

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La Estirpe de Duino viene a almorzar.

Diario de Noticias.

Duino era el paisaje donde se desarrollaba parte de la novela por la que a Espido Freire le concedieron el premio Planeta hace un par de años; un territorio imaginario que en Vincavec el Bandido cunde y se convierte en mapa y sustento de la trama. 
Una continuidad espacial que me llena de alegría por cuanto viene a expresar de cercanía entre ambos textos, aunque su autora hable en uno específicamente a jóvenes y en el otro, al público en general.

La autora identifica con claridad los registros de comportamiento de “Lidia”, la joven escritora protagonista de Vincavec.

El tono de sus diálogos, los parámetros de su monólogo interior, el tipo de inquietudes y aspiraciones con la que contruye su existencia o la vivencia de sus afectos y amistades; muestra así una actitud de proximidades y una gran aptitud para encarnar la voz de una adolescente hija de familia, amiga de sus amigas, escritora y estudiante, convirtiéndola en un personaje accesible y atractivo del que se sirve para ejemplarizar sobre las disyuntivas propias de la autoría narrativa.
Quizá, esto sea lo más destacable de la novela, el discurso acerca de las vinculaciones entre la realidad de los relatos, un discurso elaborado de forma tal que mueve al lector a reflexionar.

Los personajes de esos relatos que “Lidia” escribe, vendrán a visitarle en su mundo real: adelantar esto no es descubrir mucho, puesto que en la cuarta página – de las más de 200 del libro -, tal cosa ya ha sucedido.

A partir de esta conexión entre mundos paralelos, se va a desarrollar la tensión entre el devenir de los sucesos de fantasía y el transcurso de la vida de cada día en el instituto y en las familias de los protagonistas. Pero respetando una regla: los mundos paralelos podrán intercambiar situaciones y personas, pero no deberán interferirse, cada cual ha de cumplir su destino. Esto serán el arte y el cometido de quien desee ser autor y persona: conducir las distintas historias hasta que lleguen a su propio fin.

Jueves, 14 Abril 2016 16:18

Diabulus in musica - Reseñas

Escrito por

diabulusDiabulus in musica
Planeta, 2001

 

 

 

 

 

 

Reseñas:


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Por donde se cuela Lucifer.

Mercurio, panorama de libros en Andalucía.

Espido Freire vuelve al ruedo literario con una novela de corte fantástico que parte de una antigua teoría musical, la solmisación, según la cual había que evitar una determinada distancia entre notas al ejecutar una pieza, ya que por ese intervalo era por donde se colaba el diablo para perturbar las matemáticas perfectas del universo. Un argumento a primera vista cultista, pero escrito con la claridad y sencillez a la que ya nos tiene acostumbrados la joven escritora.

Bilbao y Londres -gemelas por sus brumas tan literarias- son las ciudades que acogen la trama, basada en un triángulo amoroso con fantasmas y suicidio incluido. Espido Freire vuelve a uno de sus temas preferidos: el único amor es el que se vive en la adolescencia, y el resto no son más que pálidos reflejos de esa pasión primigenia; concepto que ya desarrolló ampliamente en su ensayo Primer amor. De hecho, la protagonista vive atormentada por un antiguo querer tan tirano como débil.

Uno de los mayores logros de Espido Freire en este libro es el de explorar una línea poco trabajada en la literatura española: el género fantástico; terreno que sí ha sido trabajado -y mucho- por un variado grupo de escritores anglosajones y latinoamericanos. En estos autores hay que buscar las influencias de las que se ha beneficiado -lo decimos en el mejor sentido de la palabra- la autora.

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>Tres en discordia. 
EL PAÍS, 5 de Enero de 2002

Una mujer y dos amores. La nueva historia de Espido Freire se desarrolla entre las fisuras de ciertas apariciones "diabólicas" que ahondan el conflicto.

ANA RODRÍGUEZ FISCHER

"Esta historia ha sido contada de muchas maneras, en muchas ocasiones, pero nunca con dos fantasmas", afirma la narradora y protagonista de Diabulus in musica - cuarta y última novela de Espido Freire -, un título que, como se explica en el libro, se refiere a un principio básico de la música antigua según el cual, en la escala musical que los griegos intentaron depurar, se había deslizado una irregularidad, un error, un intervalo no regido por las matemáticas que había que evitar como fuera, pues al menor descuido podía romperse el orden y aparecer el diabulus in musica: la disonancia, el caos, el hueco por el que se colaba el diablo.

En la doble historia de amor que vive la protagonista -primero, en su adolescencia, con el joven Mikel y después con el actor Christopher Random, un hombre unos cuantos años mayor que ella- se advierte alguna de estas fisuras o apariciones "diabólicas", que se suceden según una gradación creciente, hasta alcanzar la que será la última, cuya intensidad romperá la armonía alcanzada (bastante precaria, por otra parte). Mikel es un estudiante de violonchelo a quien la protagonista conoce en el conservatorio de Bilbao, cuando ella estudiaba canto -rasgo autobiográfico que Espido Freire explota largamente en esta novela- y con el que mantiene una relación amorosa un tanto guadianesca y turbia, dada la personalidad del joven, empeñado en metamorfosearse en Balder el blanco, el dios del sol del verano, el más hermoso y el más amado de los dioses nórdicos, cuyas aventuras se narraban en la película Ragnarok, en la cual Christopher Random interpretaba el personaje de Balder. Cuando ella, durante una estancia en Londres y a través de unos amigos comunes, conoce a Chris, recién separado, con una hija, hombre encantador y amante fogoso -"no tenía descanso si [YO]no me encontraba junto a él, si no devastaba a besos y a zarpazos mi maquillaje y mi ropa"-, pero impostor también, dado que en su comportamiento y sus palabras imita a sus personajes, la pasión presente se tiñe de pasado y aparece el diabulus.

Hay, por supuesto, otros personajes en la novela, pero si ya los protagonistas adolecen de cierta afectación y acartonamiento, los secundarios caen de lleno en el más previsible de los tópicos. El grupo de amigos y otros jóvenes, añaden vaivenes al relato y brochazos costumbristas, pero poco más. Karen, la ex esposa de Chris, aparte de neurótica y cocainómana, es rencorosa y vengativa. Lilian, la futura suegra, la ningunea: es insoportable y fría, orgullosa y altiva. Por otra parte, las presuntas trastiendas psicológicas de los personajes protagónicos, simplemente no son tales. La enigmática, y para ella incomprensible, pasión de Chris es impostura y donjuanismo de cartón piedra. El malditismo de Balder es muy de andar por casa y la vistosa ceremonia de su suicidio poco añade a un fatalismo de muy endeble engranaje. El conflicto -que gira en torno a la identidad, y que Espido Freire ya había explorado mucho más honda y rigurosamente en Mlocotones helados- se queda así en un nivel melodramático. Y en cuanto a ella, de sí misma nos lo dice todo, reiteradamente, pero sin mostrárnoslo, sin encarnadura novelesca. Asegura que es "una voz buscando un instrumento", una mujer que se había entretenido en divertimentos pequeños, "en encontrar en las historias de amor antifaces contra la realidad" y acaba muerta en vida, tras un suicidio frustrado (e inverosímil).

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>Las dos muertes de un fantasma. 
Seudónimo: FÉNIX
Esther Sixto

El mundo de los fantasmas. Los fantasmas del pasado. Los del presente. Los fantasmas del alma.

Espido Freire nos relata en esta novela la muerte paciente de un ser humano, el final de una existencia en pequeñas dosis.

En una atmósfera asfixiante y paranoica, pero tan real que asusta, la autora nos ofrece la realidad en bandeja, a través de un lenguaje quizás demasiado culto para los tiempos que corren y una técnica explosiva, atractiva y traumática.
Una historia de fantasmas y sombras que nada tiene que ver con los libros de ciencia ficción o de terror, sino con aquellos basados en hechos reales.

¿ Se puede uno morir dos veces? ¿Es posible estar muerto en vida? ¿Se puede "existir" y no "ser"?

La protagonista de esta novela vende demasiado pronto su alma al diablo, es decir, su luz se apaga justo en el momento en que la obra debiera empezar. Le deja su vida a la depresión, a la nostalgia, a la desesperación...

Ella necesita que los demás creen su personaje para "ser" y no sólo "existir". Son las personas que la rodean las que le ofrecen su papel en la historia.

Y cuando menos lo espera, el diablo, con su alma en una mano y una cuerda en otra, le arrebata algo demasiado importante para ella. Con la muerte de Balder ( Mikel ) ella se muere, desaparece, deja de ser, se convierte en un fantasma de carne y hueso, sin nombre ni identidad. Sólo una causa hace que el fantasma de la protagonista siga existiendo: la necesidad de saber por qué Balder se suicidó, que va a suponer una sombra eterna.

Nuestra mujer se acompaña de un hombre que parece se lo ofrece todo, incluso la perfección, y que llega a crear en ella una dependencia que alcanza con creces la obsesión y la locura.

Sin embargo, esa vida que le ofrece Chris, no es más que un engaño y su presencia, el personaje de un guión cinematográfico. Cuando al final, la protagonista se da cuenta de que está muerta, de que el mundo que la rodea es una mentira, puesto que ella no "es" en él y que ese hombre perfecto no existe, se suicida. Sobreviene su segunda muerte, su muerte fisica, su muerte definitiva.

Se intuye la salvación de la mujer, la salida, el fin de la angustia, de la paranoia. Sin embargo, cual es la sorpresa del lector, al descubrir que ha estado muerta en vida y en la muerte seguirá igual.

Existe la lucha entre un antes y un después, marcado por el suicidio de Mikel. Un antes, un ser sin alma; un después, un fantasma material.

Haa irrumpido, el diablo se ha conseguido deslizar en un resquicio de la vida de la protagonista, que no ha sido más que un diabulus in musica, el intervalo prohibido.
Una gran novela que demuestra a la perfección la muerte prematura de muchas almas, el peso del pasado en nuestra vida y con una potencia argumental que nos hace meditar si realmente estamos vivos o muertos, a pesar de que al pellizcamos, sintamos el dolor en la piel.

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>Prisionero del circulo del recuerdo.
Seudónimo: Rob J. Cole. 
Lema: "Siguiendo mi ciencia y mi conciencia."

"Cuando Balder vino a pedirme cuentas yo aún aguardaba desvelada entre los brazos de Christopher."

Así comenzaba el libro que descansaba encima de mi mesa desde hacía dos horas, incitándome con ese título tan sugestivo a que lo leyera. También recordaba intrigado una frase del discurso de bienvenida, se habían presentado 111 comités de lectura, es decir, 666 alumnos, casi como si un fantasma estuviera entre nosotros; acaso fuera Balder, aunque en aquel momento yo todavía no lo sabía. Me pregunté si sería casualidad o una trama de los organizadores en referencia al nombre del libro.

Asustado ante la posibilidad de que se tratara de un relato romántico lo cerré un momento y observé la portada: Diabulus in Música. Autora: Espido Freire. El nombre "rang a bell," hizo sonar una campana como dicen los ingleses. Tras dudarlo un instante, rebusqué en mi biblioteca particular y encontré un libro, leído hace algunos años, en un extremo de la estantería: La última batalla de Vincavec el bandido, de la misma autora.

Con renovadas esperanzas, me senté y comencé de nuevo...

En ese momento no podía ni siquiera imaginar lo que me depararía la lectura de esas 186 páginas.

Se trataba de una historia de "terror," protagonizada por dos fantasmas, pero sepultada bajo una trama algo monótona aunque interesante y bien trazada sobre la vida de una chica de 24 años que no llegaría a vivir hasta los 25...

La protagonista vive ahora en un colegio a 20 km. del lugar donde nació, en Bilbao. Se notan aquí ciertas semejanzas entre este personaje y la autora, edad parecida, mismo escenario (la escritora es originaria de Bilbao), etc. Quizá se debiera a que la construcción del personaje fuera más cómoda así o tal vez por un dudoso egocentrismo de la autora en esta novela. Pese a todo, la protagonista y otros personajes femeninos son figuras muy trabajadas, con una gran profundidad psicológica. Espido Freire se explaya en los elementos internos e insondables de la psique femenina si bien no ocurre lo mismo con los personajes masculinos.
La joven, refugiada en los aseos de la escuela, se encuentra importunada por la presencia "lejana" de su exnovio Mikel.

Este era un chico que guardaba cierto parecido con un personaje del actor Christopher Random, "Balder," Dios del sol de verano. Obsesionado con este héroe ficticio, Mikel intentará imitarlo en todo: nombre, manera de andar, forma de comportarse, miradas y gestos. Incluso busca amantes con el pelo moreno como la novia de Balder en la película, Nanna. Se suicidará tras abandonarlo nuestra protagonista, desilusionado con todo y con todos. Romperá su violonchelo, del que era casi un maestro y se quitará la vida en su habitación, iluminado por un mar de velas.

El personaje de "Balder" está presente durante toda la obra, ya sea como recuerdo, o como presencia sobrenatural junto a la ventana, siempre atento, siempre vigilante.
Antiguo compañero en el conservatorio, es una figura clave en la vida de la joven y a él van dirigidas la mayoría de las evocaciones de la misma ya sea directa o indirectamente, sobre todo en los momentos de soledad como los de su época de fantasma.

La soledad y el sentimiento de vacío del personaje principal están omnipresentes y son el punto a partir del cual se desarrolla la obra. Quizá por eso no se menciona su nombre, porque no importa, no llena espacios ni evoca recuerdos de tiempos pasados. Se ve reflejada en los demás, necesita que éstos le den un motivo con el que llenar sus días.

Como fantasma recuerda sus años de infancia, estudiando música, su posterior viaje a Londres donde establecerá su residencia compartiendo piso con dos chicas más jóvenes que ella, que acentúan aún más si cabe, su aislamiento. En una ocasión una de las chicas del colegio logra descubrirla. En ese momento nuestro espectro intentará ayudarla para que no incurra en sus mismos errores. No obstante, la muchacha empezará a evitarla a raíz de una prohibición de sus padres, hecho debido a un incidente con la ouija. Aquí destaca claramente la influencia de los padres en la conducta de sus hijos, el acondicionamiento social.
Siguiendo la trama, su amiga Clara le presentará en el transcurso de una fiesta a Chris, un actor divorciado de 41 años.

Este personaje representaba, por un lado, a su antiguo novio, Mikel, pero de una manera más artificial, cercana y lejana a la vez: cercana en los momentos íntimos, es decir físicamente; lejana porque no deja entrever ni un resquicio de sus sentimientos, si es que la autora ha querido que los tenga, ni aún a su hija Frances que simboliza en la historia un papel de absoluto rechazo a la separación de los padres.

Por otro lado constituía el único apoyo que le quedaba a esta chica en la vida ya que veía en él su seguridad y su cobijo; lo tenía completamente idealizado. Desde que conoció a Chris, sólo vivía viéndose representada por él, él, era el único que le daba sentido a su existencia, un amor desenfrenado, caótico, como casi toda lo que aparece en esta obra.

Sin embargo al final de la misma, la protagonista descubre que Chris era tan sólo una copia, un puzzle formado por diálogos y personajes de sus películas. Su aparente seguridad y su carisma eran una falacia, no existían. Sumando a esto la posibilidad de que la esté engañando, le crea un conflicto emocional que quebrará sus últimos lazos con el mundo. Así que rompe todos los cristales con los que siempre había sentido afinidad en la fragilidad de su constitución y se corta las venas de la muñeca, suicidándose en la bañera de la casa de Chris.

La escena que cierra la estructura cíclica de la obra, la visita del fantasma de "Balder" a la chica, está tratada desde dos puntos de vista diferentes que se concilian al final.

Aunque la trama no es, en una primera lectura, realmente tentadora, en una segunda, cuando el lector se percata de todos los elementos estructurales y estéticos de la historia, queda literalmente atrapado en las redes de la inventiva de su creadora.

Obra maestra donde las haya, combina elementos fantásticos de una manera natural. Realidad, fantasía, ficción y cotidianidad se entrecruzan con la mentalidad, casi infantil, de la protagonista, construyendo una especie de diario con verdadera maestría.

El título del libro menciona una anécdota histórica, el Diabolus in música, un diablo que se introducía subrepticiamente en la música. Éste era un intervalo de cuarta aumentada o quinta disminuida, un "error" que en la música del s. XIV, regida por las matemáticas, se creía producido por el diablo; por esto, el mi contra fa, uno de los nombres del intervalo prohibido, fue censurado por la Iglesia. Pero, tal y como este acorde es hoy un bello adorno de las obras musicales, en esta novela es un, toque magistral de la autora.

El Diabolus está presente en los fantasmas como entes espectrales, y la historia se encuentra reflejada en el pentagrama que nuestra imaginación interpreta, con inseguridad al principio, firmemente y con fluidez al final, mientras leemos el libro.

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>Crítica de un libro por un adolescente cualquiera.
Alejandro Montero

Normalmente, cuando tengo que dar una opinión personal de un libro, suelo comenzar con un "me ha gustado" o con un "es un buen libro". Si diera la casualidad de ser un buen libro ( ya hablando en serio ), diría algo así como "es una excelente obra", y por en medio metería algún "lo recomiendo". Como estudiante de secundaria, no tengo ni ganas de pensar en algo más elaborado ni tengo por qué hacerlo. De los pocos que leen realmente un libro y no copian el resumen del rincón del vago, sólo unos cuantos consiguen llenar medio párrafo con una sucesión coherente de esas cosas con letras, cómo se llaman... Ah, sí. Palabras.

Por eso, a la hora de la verdad, cuando se nos exige un mínimo dominio del lenguaje que llevamos estudiando desde el tercer segundo de nuestra vida, me encuentro soltando toda esta retahíla de incongruencias con el único fin de encontrar una introducción original, no, una introducción llamativa, que haga levantar la cabeza al que duerme en la segunda fila gracias a la risa fácil y a las burdas puyas a lo Reverte (burdas las mías, no las suyas; por cierto, pese a que mi estilo diga lo contrario, no soy un lector asiduo suyo) y que, a la vez, me satisfaga en mi fuero interno. Bueno, y que satisfaga a los excelentísimos/as señores/as miembros del jurado, claro está, esperando que tomen tan evidente muestra de prepotencia, vanidad, narcisismo, egocentrismo, etc. como algo cuanto menos curioso (que no original) que sirva para mejorar mis posibilidades. Porque, al contrario que los Grandes Hermanos (soy adolescente, luego veo este tipo de programas), yo no vengo "a vivir una experiencia", sino que vengo a ganar. Al fin y al cabo, y aunque no lo digan, es para lo que van.


Bien. No quiero empezar diciendo que "Diabulus in musica" es un muy buen libro que me ha gustado mucho, que me ha parecido muy interesante y que me... mm... me ha gustado mucho. Diré en su lugar que me ha dejado una extraña impresión al leerlo. Lo más correcto sería decir que me ha dejado ofuscado, como si una niebla gris envolviera mi cerebro (soy adolescente, luego me sirvo de sencillas comparaciones para expresar sensaciones). El agobio y la confusión son una constante en toda la obra, y las continuas, idas y venidas de aquí para allá pa'adelante y pa'atrás en el tiempo y en el espacio no hace sino marear al lector y llevarle a leer varias veces una misma página. No es hasta la mitad del libro- cuando podemos, por fin, apoyar los pies en algo de suelo cenagoso, y se puede proseguir la lectura con una cierta seguridad de lo que va pasando. Son los momentos de "Ah, claro, por eso al principio dice que...". Esta estructura, que es una apuesta muy elaborada, puede echar para atrás a los lectores noveles (como nosotros, los adolescentes), así como desorientar a algún lector experimentado, me atrevería a decir.

Otra cosa que me ha llamado la atención acerca del libro ha sido la estructura. Un novato como yo no había leído nunca un libro sin capítulos. Espera, quedará mejor entre signos de admiración: ¡un libro sin capítulos! La verdad es que le da un cierto dinamismo a la obra que la agiliza un poco, y que viene muy bien en los momentos en que se vuelve demasiado opaca, aunque no me ha terminado de convencer. Una división en capítulos quizá hubiera ordenado un poco el caos (refiriéndome al tenebrismo, sin segundas) al que se expone el lector. Puede que ésta fuera la intención de la autora: macha, lo has conseguido.

Y una última aclaración. Para concluir la mayoría de párrafos, o de partes o de cómo se llamen esas cosas (mi falta de léxico me juega malas pasadas), los personajes utilizan frases sentenciadoras, no sé cómo decirlo, quizá demasiado cinematográficas. A veces, echo en falta un nuevo guioncillo al final que diga: - He hablado.

Así, más o menos. Esta estampa tan pictórica queda a veces demasiado antinatural, y pese a ser una historia algo subjetiva (por lo que entendido: con nosotros ya se sabe), parece algo menos serio. No quiero decir que los personajes no sean creíbles, que es diferente.

Y de eso quería hablar. Tras haber criticado yo, simple adolescente, que no se come una rosca (literariamente hablando), el trabajo de una profesional como es la señorita Espido Freire, con algún éxito más que yo, va siendo hora de comentar los puntos fuertes de la obra. Siempre, desde el inicio de los tiempos, ha sido más fácil ver los defectos que las virtudes. De hecho, en una crítica es más fácil criticar (buff, un descanso tras este juego de palabras [ ...] Venga, sigamos) que reconocer lo bueno del objeto en cuestión. Todos, adolescentes y no adolescentes, lo sabemos, y por eso pido a la autora vea mi crítica como fruto de la inexperiencia propia de un chaval de dieciséis años que, como todos, va a lo fácil, que lo malo es lo que tira y ya está. No obstante, y gracias a iniciativas como la del Premio Mandarache, se nos recuerda que no todos tenemos por qué pertenecer a esa generación del ruido que leí en algún libro del colegio. Por ello, no me voy a ceñir tanto al guión. De este nuevo propósito de enmienda nace precisamente Alejandro Montero, un adolescente cualquiera, y no Andreas Niporesas o Fígaro, que sólo saben fijarse en lo malo del asunto en cuestión (y así acabó el pobre Larra). Y al que cuchichea por la última fila: no me estoy echando atrás. El equilibrio radica en la mezcla de lo bueno y lo malo, el bien y el mal. El ying y el yang.

Tras esta pijotada no por ello menos cierta, vamos al gran acierto de "Diabulus in musica", que es la historia en sí misma. El argumento, aunque retorcido, esbásicamente genial. Coincido con la autora, por desgracia, con la idea de la existencia de ese intervalo prohibido, por el que, el día menos pensado, el diablo puede colarse en nuestras vidas y fastidiárnoslas por completo. Muchas injusticias se plantean en la obra que se desarrolla a nuestro alrededor, y todas causadas por la existencia de ese jodido intervalo. Y siempre va a estar ahí.

No podemos cambiar el intervalo, pero podemos cambiarnos a nosotros mismos. La muerte será el particular "Diabulus in musica" de la protagonista, que sellará también su destino. No obstante, creo que se le culpa a ese destino del final de la historia, que no veo del todo claro. De hecho, pensándolo mejor, el desenlace no me gusta nada.

¿Pisaría terreno cenagoso si dijera que la muerte de la protagonista es un acto cobarde? Muchos de nosotros, queridos lectores, sin duda habrá visto durante el transcurso de la lectura el suicidio de nuestra infeliz compañera como la única solución para tan desgraciada vida de búsqueda sin resultado, una situación desesperada. Yo diría casi heroica, mejor estoica, de rendimiento ante lo inevitable. Y ahora, yo me pregunto junto con vosotros: ¿era de verdad inevitable? ¿debemos rendirnos de tal manera ante la aparición del diabulus?

Sabes, quizá sea sólo la visión idealizada de un adolescente, pero yo diría que esta última pregunta es una pregunta retórica. Toda una vida de educación para la libertad, de plantar cara ante las adversidades, se va a la mismísima mierda sólo por un puto giro del destino. Un as en la manga del azar. Sólo por eso hay que dejar de jugar, ¿no? ¿Y qué pasa entonces con el resto? ¿Todo el esfuerzo, todo lo que se ha construido hasta llegar a la situación actual? ¿Qué pasa con todo ello?
Te diré lo que pasa. Se va contigo. El problema es que no puedes permitirte arrastrar todo lo vivido contigo, o acabarás siendo un puñetero fantasma, un fantasma del pasado encerrado en un colegio hasta el fin de los tiempos. En esto si que coincido con la autora.

¿Recuerdas la tontería del ying y el yang y la madre que los parió a todos? Puede que acabe teniendo razón. Puede que la respuesta de la protagonista represente al mal, y la nuestra, el "carpe diem" de los adolescentes locos, el espíritu de rebeldía característico de nosotros, el no aceptar lo que está escrito porque somos de verdad libres para cambiar nuestro destino, represente el bien. No lo sé. Habría que dejarse de chiquilladas, de detalles superficiales sin importancia y centrarse en el contenido.
No sé lo que nos deparará el futuro. Puede que mañana no estemos aquí, pero lo más probable es que sí. Puede que mañana deseemos no haber nacido, o que deseemos nacer mil veces más. Sin embargo, tengo la certeza de que el diabulus seguirá ahí dándonos el por culo. Y nos joderá. Y nos dolerá. Pero no podemos perdernos en nosotros mismos por lo que se pierde en realidad. No podemos ser tan egoístas. No podemos seguir a esta señorita. Tenemos que quemar todos los cartuchos, y ya vendrá lo que tenga que venir.

Quizá sea sólo una loca idea adolescente.

Quizá todos tengamos algo de adolescente.

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>Qué es el Diabulus in musica
Espido Freire

Desde hacía años quería incorporar en alguno de mis textos parte de mi experiencia musical, o al menos, de las fantásticas teorías de la música antigua que formaron parte de mi adolescencia. Sin embargo, no resultan sencillas de asimilar, ni siquiera de describir, y no fue hasta Diabulus in musica cuando pude unir esas dos pasiones: la música y la literatura. 

En la novela intento introducir al lector, muy superficialmente, en la teoría de la solmisación, y así lo explica la narradora:
Lo único que me había quedado claro (...)era que había que evitar las cuartas aumentadas. Que al componer había que desconfiar de la nota Si, la séptima nota, porque, a poco que nos descuidáramos, podíamos romper el orden: podía aparecer el diabulus in musica. Lo defendían todos los grandes nombres: Guido D'Arezzo en el Micrologus, Ramos de Pareja, en Musica Practica, Philippe de Vitry en Ars Nova, el mismo Monteverdi cuyos madrigales yo cantaba. En la escala musical, que los griegos habían intentado depurar, se había deslizado una irregularidad, un error. Un intervalo no regido por las matemáticas, el recordatorio de que, por mucho que el hombre creara, era mortal y limitado. 

Entonces las notas musicales se denominaban mediante letras, y la escala comenzaba en La-A (...). Así lo habían dispuesto los modos griegos, y así continuó hasta que D'Arezzo, y decidió que las viejas teorías griegas y ambrosianas erraban el camino: el canto debía comenzar en c. Do, el tono más noble, el más acorde a la naturaleza de los números. Inventó nuevos nombres para las notas, (...)Pero no logró que el Si, aún silencioso, encontrara su lugar. Oscilaba, tentaba, incitaba la cuarta aumentada. Más adelante, cuando la matemáticas perdieron fuerza, la nota diabólica recibió las iniciales de San Juan, Sant Ioannis, y todos olvidaron qué significaban las notas: la armonía era tan evidente, tan cristalina. Ningún mal podía habitar entre la música.

La teoría del Diabulus in musica a la que se alude en la novela se deriva de la solmisación, un sistema ya olvidado que resultó esencial durante los años de la música antigua, y cuyo conocimiento yo debo a las explicaciones y los desvelos de mi hermana Mila Espido Freire. 

La solmisación fue creada por Guido d’Arezzo en el siglo XIII y transmitida sin discusión a lo largo de los siglos por los teóricos musicales. Esta terminología llegó hasta el siglo XVIII* en el plano teórico, aunque en el práctico la música había evolucionado notoriamente. 

Para llegar a la solmisación hay que tener en cuenta varias cuestiones:
La denominación de las notas. 
La distancia entre éstas, de tono, y semitonos que no son de igual tamaño,
La formación de modos o escalas con estas notas.
El Humanismo, que oponía una concepción antropocéntrica a la anterior visión teocéntrica de la música, revisó algunas ideas y sistematizó en gran medida el pensamiento anterior, pero no aportó ningún paso definitivo en la teoría musical; la influencia de Boecio (480-524 d.C.) era aún evidente. Es aquí cuando surge la figura de Ramos de Pareja, clave en la solmisación.
Bartolomé Ramos de Pareja publicó en 1482 el tratado Musica Practica** , en latín. Fue un autor de prestigio en la época; impartió clases en la Universidad de Salamanca y Bolonia donde editó este tratado, polémico entonces, pero de reconocido valor, y donde se evidencia su educación humanista. 
Ramos de Pareja trata de aportar un nuevo sistema de estructuración musical que se contrapone al tradicional de Guido, al que hace una revisión crítica. Ramos intenta sistematizar las distancias entre las notas, las eleva a ocho y las nombra con una serie de sílabas nemotécnicas:

Sa-li-tur per vo-ces is-tas [Primera Parte, Libro I, Cap. VII; Libro II, Cap. 1, etc.?

Su intención era que sirvieran como demostración de la escala, la idea no cuajó entonces pero anticipa el sistema temperado tonal. Ordenó las notas partiendo de Do, y creó un sistema de tres octavas, más que amplio para la música de la época:
La octava suponía la perfección porque procedía de dividir una cuerda en dos: la proporción 2/1 era igual a 1, el número más perfecto porque había un solo Dios. Tampoco era un número compuesto, y todo lo compuesto denotaba imperfección. Esta perfección incluía a la 8ª, intervalo de la demostración teórica en el monocordio, y no la imperfección que suponían ocho notas frente a siete o a las seis del exacordo.

Resulta curiosa su defensa de la escala de ocho notas tratando de encontrar la perfección numerológica del 8 frente al poderoso 7 de las esferas celestiales. El 8 representaría el firmamento que contiene a las esferas, y convertiría la octava en el símbolo de excelencia [Parte I; Tratado I; Cap. VIII, p. 38?.
Las notas tenían nombre alfabético, herencia de los griegos (esa tendencia aún perdura en el ámbito anglosajón). Se atribuye esta nominación a San Ambrosio, obispo de Milán del siglo IV y a San Gregorio Magno, obispo de Roma en siglo VI, responsable de la recopilación que dio lugar al canto gregoriano. Se denominaban:
a b c d e f g 
[la - si - do - re - mi - fa - sol?

Eso suponía una escala completa, de siete notas como las siete esferas del universo platónico, que comenzaba en La o A, debido a la supuesta herencia de los modos griegos. 

No existía un sonido de referencia, como el actual La del segundo espacio del pentagrama, (440 Herzios, internacional). Guido d’Arezzo, en su afán por lograr la mayor precisión posible en la afinación inventó en el siglo XIII el sistema de exacordos y mutanzas. Era un solfeo primitivo en el que todos comenzarían cantando en la misma nota-altura-tesitura y que se reflejaba en las falanges de los dedos de la mano “guidoniana”, lo que permitía, por ejemplo, dirigir un coro con gestos sin recurrir a una partitura.

El nombre de las notas lo tomó de un “Himno a San Juan Bautista” del siglo XI, cuyos primeros versos comenzaban un grado más agudo; les adjudicó el nombre de la primera sílaba. Sólo llegaban hasta La, pero como su sistema incluía una forma de transporte o mutanzas, los mismos nombres de las notas ascendían proporcionalmente a los sonidos más agudos. En total, existían 20 ó 21 sonidos en los que se podía cantar. La música de la época no empleaba una tesitura demasiado amplia. Las mayúsculas marcaban las notas mas graves, las minúsculas tesitura media y las dobles las más agudas.

Los exacordos son escalas de seis notas. El seis era la suma del 1, 2 y 3. El uno, la perfección, el 3, la trinidad; y como el 2 se sumaba al uno, Dios único, para formar el 3, Santísima Trinidad, era también perfecto.

El exacordo mantenía siempre una estructura casi perfecta y con simetría, además de evitar el tritono: 
tono-tono-semitono-tono-tono
Para saber por qué mutanza o nota se comenzaba los teóricos solían presentar o explicar un gráfico similar como tributo a la autoridad guidoniana.

Gamma A B C D E F G a b c d e f g aa bb cc dd ee
ut re mi fa sol la --------------------------------------------------------------------exacordo 1
ut re mi fa sol la --------------------------------------------------------exacordo 2
ut re mi fa#* sol la -----------------------------------------exacordo 3
ut re mi fa sol la ------------------------------------exacordo 4
ut re mi fa sol la -----------------------exacordo 5
ut re mi fa#* sol la -------exacordo 6
ut re mi fa sol la -----exacordo 7

En este caso se leería de modo vertical, de arriba a abajo.
Geut; Are, Bemi, Cefaut, Desolrre, Elami, (que no era igual que elami, varias notas más agudo. Ni Gsolrreut igual que gsolrreut, debido a la tesitura, graciosos que eran los teóricos). 

Si se comparan las notas alfabéticas de A-la a G-sol, es necesario pasar por el Si. Las mutanzas o el comienzo de los exacordos se hacían coincidir de modo que la distancia la-si, tono, sea leída siempre re-mi, y las distancias si-do resultaran siempre mi-fa. Así que no nombro el Si, variable, y causante del diabulus, lo inombrable. 

Siempre se decían las mismas notas pero se entonaba a distinta altura, y si aprendían a cantar entre ut-re, tono, y mi-fa, semitono, cantarían bien esa distancia, fuera ut-re grave o agudo, o semitono mi-fa, igual que el si-do.
Nunca se le daba nombre al Si, ni falta que hacía. Se podía cantar en alabanza a Dios de modo afinado y perfecto sin preocuparse por una consonancia imperfecta como el tritono. 

El signo #* es un becuadro, una “b quadratum”, es decir, “befabequadratummi”. El tono aparente que queda en la correlación a-b con mi-fa#, se resolvía con una filigrana teórica que dividía en dos semitonos este tono: uno diatónico, cantable, y otro cromático, incantable. Se distribuían de distinto modo las nueve comas pitagóricas del tono, salvando el tritono evidente, y condenando a “incantable” el cromatismo incipiente. No se cantaba porque así les parecía, porque no era necesario y además, estaba prohibido.

Este apartado da origen a las alteraciones, la b del bemol, la bquadratum del sostenido y becuadro. La presencia de alteraciones da lugar a los “géneros de melodías” diatónico, cromático y enarmónico. Éste último no se consideraba apropiado para la composición al exigir la presencia del semitono cromático o incantable. [Parte I, Tratado II, Cap.VI, pp. 58-ss.?.

Los exacordos en Fa, Do y Sol proporcionan las claves respectivas. 
Esta deducción simplificada es la solmisación. Básicamente, un sistema “práctico”.
Se utilizó una serie de reglas poco justificadas para la composición. Se canta siempre evitando el tritono, semitonía subintellecta o sobreentendida. Si la melodía es descendente de Si a Fa, el Si se interpreta bemol, se escriba o no la alteración. Así que no hay diabulus.

La cuarta aumentada suena mal; aún hoy en día es una disonancia muy fuerte. Desde el Renacimiento aparecen ejemplos con muchas disonancias pero en el ámbito experimental. Los madrigalismos del primer barroco italiano o los Tientos de falsas para órgano del barroco, formados por disonancia-resolución de la disonancia, fueron avanzando la práctica musical que sería recogida muy tardíamente en la teoría, mientras imperaban las denominaciones medievales.
Las consonancias perfectas teóricas eran, la 8ª, que es el 1, y la proporción 2/1, la quinta 3/2 y la cuarta 4/3. La cuarta sería una disonancia pero al unirse a la quinta para formar la octava, ambas perfectas, se perfecciona así en reconocimiento a la autoridad de la demostración en el monocordio. La prueba fundamental para certificar la valía del músico teórico

Estas consonancias son las primeras que aparecen en el monocordio, el instrumento de demostración matemático-teórico-práctica. Era una tabla con una cuerda que podía dividirse en secciones determinadas a lo largo de ese mástil. Las divisiones comenzaban en mitades hasta la 1/16ª parte y luego en tercios hasta 1/6; se relacionaban entre sí las primeras divisiones de mitades y tercios que de nuevo se dividían en mitades. Las posiciones implicaban la colocación de puntos que marcaban espacios entre sí, los intervalos. Se superponían divisiones cercanas ofrecían fragmentos de cuerda muy pequeños, de tonos y semitonos.

La suma de la quinta y de la cuarta era la octava. Por ejemplo: de Re a La, 5ª y de La a Re, 4ª, así obtengo la 8ª de Re a Re. 
Esta suma forman los modos, escalas de 8 notas debidas a la herencia griega, con un Diapente,=5ª y un Diatessaron=4ª. Si se parte del Diapente Re-La y se le añade el Diatessaron La-Re por arriba, aparece el primer modo auténtico. Si al mismo Diapente se le añade el Diatessaron por abajo, se obtiene el correspondiente segundo modo o plagal. 
+ (La) si do Re --- primer modo
RE mi fa sol La
La si do (Re)+ -------------- segundo modo

En la base de las escalas están la 5ª (tres tonos y un semitono) y la 4ª (dos tonos y un semitono) Justas, no dejando lugar para la Cuarta aumentada o tritono en la demostración teórica del monocordio. Ppartiendo de Do a Sol y de Sol a Do nunca puede aparecer, en teoría, la 4ª aumentada Fa-Si, el diabulus, porque están en dos partes. En la práctica aparece, pero se evita con las reglas de semitonía sobreentendida, alterar el Si cuando es necesario.



* Tratadistas españoles como José de Torres con Reglas generales de acompañar, de 1702 y 1736, (Edición facsímil en Arte Tripharia, Madrid, 1983); y Pablo Nassarre con Escuela Música de 1723-24 (Edición facsímil en Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1980).

** Edición facsímil *****. Las citas se toman de la traducción de José Luis Moralejo en la edición de Alpuerto, Madrid, 1977.

Jueves, 14 Abril 2016 15:14

Cuando comer es un infierno - Reseñas

Escrito por

cuandocomeresuninfiernoCuando comer es un infierno 
Aguilar, 2002

 

 

 

 

 

 

 

Reseñas:

Espido Freire describe la "auténtica realidad" de la bulimia en 'Cuando comer es un infierno'.

La autora recoge su experiencia personal y testimonios de enfermas obtenidos por Internet

E.P.- Madrid

La escritora Espido Freire, una de las ganadoras más jóvenes del Premio Planeta, describe desde la perspectiva de su propia experiencia y gracias al conocimiento vía internet de testimonios de enfermas, la "auténtica realidad" de la bulimia en su libro Cuando comer es un infierno. Confesiones de una bulímica (Aguilar).

Freire, decidida a no hablar de su caso personal para no convertirse en "un icono o en una imagen", recoge en este libro los testimonios de cuatro chicas con casos representativos de bulimia. Así, María representa el caso típico de anorexia-bulímica; con Linda describe los casos de automutilación en la bulimia; Cecilia representa el problema con los medicamentos; y Gloria es "el caso típico de muchas adolescentes", declaró.

Según explicó ayer la autora, todos los testimonios son reales y fueron obtenidos a través de su incursión en una página web pro anorexia, haciéndose pasar por enferma, y tras pasar por algunos test psicotécnicos para verificar la au tenticidad de su perfil.

Esta escritora, tras escuchar testimonios estremecedores como casos de suicidio y automutilación y recoger información suficiente, confesó, en dicho círculo, que era una periodista con la intención de escribir un reportaje. A partir de este momento, empezó a recibir cartas de enfermas que relataban sus experiencias.

"Como escritora, he intentado dar voz a quienes no la poseen", señaló esta autora que con tan solo 22 años escribió su primera novela, Irlanda, y quien espera que este li bro sirva para concienciar a la sociedad de la gravedad de esta enfermedad y humanizar el trastorno. "Espero también que sirva de consuelo", agregó.

En este sentido, Espido Freire repasó, durante la presentación del libro, los factores que se relacionan con el inicio de esta enfermedad. Así se refirió al factor hereditario, la presión social, o el factor imitación, en personas que no tienen "capacidad de explicar sus sentimientos y relacionarse con los demás".

Asimismo, en Cuando comer es un infierno, la autora propone soluciones para acabar con este trastorno alimenticio que en la actualidad, según algunas estimaciones, afecta al 4% de las adolescentes y que está empezando también a afectar a la población masculina.

Entre estas soluciones, Freire, apuesta por una educación equitativa, sin olvidar las diferencias genéticas entre hombres y mujeres, pasando por el respeto y la dignidad hacia la mujer en la publicidad y los medios de comunicación. "Es preciso que se propugnen modelos alternativos, tanto físicos como de conducta, con los que los niños y jóvenes puedan identificarse", señala la joven autora.

Soluciones

"He propuesto soluciones, que en mi caso me han servido", confesó esta escritora, que advirtió que uno de los primeros desencadenantes de la enfermedad bulímica es el fracaso de la primera dieta. "Los familiares y las personas cercanas tienen que enfrentarse a ello, sin hacer acusaciones y sin ejercer ninguna presión".

Incidencia

Se estima que este trastorno alimenticio afecta al 4% de las adolescentes y en la actualidad está empezando también a afectar a los hombres.

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>Bulimia. Cuando comer se convierte en un infierno, por Sonsoles Lumbreras

¿Sabías que en siglos pasados algunas mujeres ingerían vinagre para conseguir ser más pálidas y tener ojeras? ¿O que se depilaban la frente para alargar de manera interesante sus facciones? Actualmente se cometen otras barbaridades para seguir los cánones de belleza que impone la sociedad. La bulimia es una enfermedad que tiene su raíz en la obsesión actual de que delgadez es igual a belleza. Espido Freire da una visión muy personal de este mal en su último libro

Por Sonsoles Lumbreras


Tres premisas: estar delgada, guapa y esbelta. Tal vez, estos tres calificativos seas los que tú misma persigas. Y, desde luego, son los objetivos que se imponen muchas chicas en la sociedad actual.

Muchas veces, esa obsesión por la delgadez, y por relacionarla con eso que llaman “belleza”, desemboca en enfermedades muy graves como son la anorexia y la bulimia. Seguramente conozcas a más gente que sufra la primera que la segunda, de la que te vamos a hablar hoy.

La bulimia, cuyos síntomas se suelen dar en la adolescencia es un grave trastorno alimenticio que perjudica a buena parte de mujeres hoy en día.

Pero, ¿cómo podemos saber si nos estamos adentrando en esta enfermedad? Pues, el principal síntoma es atiborrarse de comida (normalmente fuera de los horarios normales) para, luego, vomitarla intencionadamente, porque se tiene un sentimiento de culpabilidad por todo lo que se ha comido.

Y, ¿cuáles son las causas por las que una persona acaba envolviéndose en este sinsentido? Según los científicos, la causa principal de la bulimia (palabra que literalmente significa “hambre de buey”) es el hambre afectiva.

Es decir, quien sufre esta enfermedad siente que carece del afecto de su familia, amigos..., vamos, que no se siente querido. Espido Freire afirma que lo más duro de sufrir la bulimia es “la angustia, la soledad y la incapacidad para llevar una vida normal y sin mentiras”.

Además

OTRAS CAUSAS. Según los científicos, la bulimia (palabra que literalmente significa “hambre de buey”) se puede dar como reacción tras un periodo de dieta, por haberlo aprendido en el entorno, o como anestésico o búsqueda de placer en una existencia triste.

AYUDA. Un paso imprescindible para conseguir salir de la bulimia es recibir ayuda médica. Espido Freire ofrece en su libro una lista de hospitales y asociaciones de toda España a los que puedes acudir si sufres los síntomas de esta enfermedad. Hay asociaciones como ADANER o ACAB que tienen diversas delegaciones. Puedes consultar teléfonos en la web de ACAB:www.acab.org/cat/altres/altres.htm.

PREMIO PLANETA. Espido Freire ganó en 1999, con tan solo 25 años, el Premio Planeta por su novela Melocotones helados. “Ahora, con la distancia, veo que supuso un cambio muy importante y tremendamente favorecedor para mí”, asegura. Espido aconseja a los jóvenes que se sienten atraídos por la escritura que “lean y que no tengan demasiada prisa por publicar, sino por escribir bien”. “Al fin y al cabo, quien busca la fama o la riqueza con este oficio se equivoca de medio a medio”, afirma con rotundidad.

Espido Freire

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>“La felicidad no se compra con el aspecto físico”

Por Sonsoles Lumbreras


De cómo es esta enfermedad, por qué se produce y cómo se puede prevenir o, en último caso, curarse, nos habla Espido Freire en su último libro, Cuando comer es un infierno. La joven escritora relata desde una experiencia muy personal los avatares de una chica enferma de bulimia durante siete años.

Espido cuenta, en boca de la protagonista, la incomprensión por la que pasa una adolescente que comienza a comer sin control, para después inducirse el vómito, sin darse cuenta en la espiral en la que se está metiendo.

Gloria se introduce en una doble vida, llena de mentiras, de la que le va a costar salir. Espido nos cuenta que escribió el libro “porque deseaba que se hablara de una manera objetiva sobre la enfermedad, romper tópicos y ofrecer esperanza”. “Me parte el corazón saber que cada mes hay más y más personas afectadas”, añade. 
Sin duda, Espido Freire sabe de buena tinta en qué consiste la bulimia (ella misma la sufrió) y piensa que la causa de que exista este mal es que “no se les dé a las mujeres y a los jóvenes, los mayores afectados, una voz con la que expresarse, y que se les presione para ser perfectos”.

Pero la bulimia también tiene solución y quienes la sufren pueden llegar a superarla. Espido Freire afirma que terminó con ella “gracias a mi fuerza de voluntad, y a que no podía soportar más mi sufrimiento”. Y, ¿qué consejo da Espido a aquellas jóvenes que estén obsesionadas con perder peso? “Que la vida es, sobre todo, felicidad, y que la felicidad no se compra con el peso, ni con el aspecto físico”.

Jueves, 14 Abril 2016 08:48

Nos espera la noche - Reseñas

Escrito por

nosesperalanocheNos espera la noche
Alfaguara, 2003

> A la venta en Fnac.es

 

 

 

 

 

Reseñas:

Espido Freire publica "Nos espera la noche", una novela que evoca los cuentos de hadas.
Por Antonio Paniagua. En El Norte de Castilla – Valladolid. 22 de Octubre de 2003

La escritora vasca creó esta obra de amor y ambición entre los 19 y los 22 años

“La novela española tiene una revolución pendiente: incluir elementos de fantasía”. Quien así habla es Espido Freire (Bilbao, 1974), quien acaba de publicar ‘Nos espera la noche’(Alfaguara), un libro con cierto aire evocador de los cuentos de hadas y los ciclos artúricos. La obra que acaba de entregar a la imprenta es la segunda parte de una trilogía que comenzó con ‘Donde siempre es octubre’. La escritora reivindica el poder de la imaginación y lamenta que el lector adulto y tradicional se resista a la fabulación. “Parece que la literatura fantástica es un pecado que se tiene que purgar a base de costumbrismo y realismo. La narrativa fabuladora sólo se permite en la literatura infantil”.

Espido Freire creó esta novela de amor y ambición entre los 19 y los 22 años, un alumbramiento lento que ha culminado ahora, cuando ha suprimido treinta personajes y ha remodelado la estructura temporal. “Hace años fui superponiendo historias y entretejiendo hasta 22 narraciones independientes. Cuando terminé el relato estaba bastante satisfecha, pero me salió una novela altamente experimental, muy fragmentada. Al revisarla, el texto ha perdido radicalidad, pero ha ganado en fondo. Todo el relato se ha ido adaptando no sólo a mis lecturas, sino también a mi evolución como escritora”.

Contadas por su abuela

Muchas de las historias que se narran en ‘Nos espera la noche’ fueron contadas a la escritora por su abuela. “Mi abuela murió antes de yo publicara libro alguno. Tenía una peculiaridad: al contar, no le importaba apartarse de la verdad siempre que ello redundara en beneficio de la historia. Mi abuelo era más preciso y riguroso, de forma que gracias a los dos pude comparar la verdad histórica y la novelada”.
El esfuerzo de fabulación que ejecuta Espido Freire no la deja exhausta. “Al contrario, me da más vida. Como a todas las personas un poco lúcidas, me agota la realidad. Si lo que estoy contando es verdad, la muerte y los sufrimientos verdaderos se cuelan”. Aparte de insuflar fantasías a sus relatos, Espido Freire cree que los escritores españoles tienen un reto que afrontar: modificar la linealidad y romper la estructura espacio-temporal. “La tecnología ha alterado los conceptos de espacio y tiempo”.

La niña que susurraba a los caballos. La Razón. 
Por Joaquín Arnaíz. La Razón. 24 de Octubre de 2003

La literatura tiene, afortunadamente, tantos senderos como aquel jardín bifurcado infinitamente del que hablaba Borges. Y no es uno de sus menores el que conduce al reino de la fantasía. En algún caso, peterpanesco, mediante un vuelo nocturno; en otro, por losas amarillas hacia Oz; o por los túneles del sueño, como en la Alicia de Carroll, que cita Espido Freire a abrir su última novela, Nos espera la noche. Porque Espido Freire (Bilbao, 1974), ganadora con veinticinco años del premio Planeta (1999), ha apostado siempre, rigurosamente, por asomarse al mercurio de los espejos, por indagar sobre los laberintos psíquicos paralelos a una realidad metafórica. En muchos casos, con tres característica esenciales: la creación de un espacio mítico (quizá más épico que mítico) pero dotado con objetos contemporáneos; una dimensión simbólica y lírica, y la presencia de unas voces de mujeres que dan cierta caracteristica lunar (en cuanto mirada esencialmente especular; de hecho suele mantenerplanteamientos laberínticos muy cercanos a la sensibilidad femenina) a sus obras. Y que en el caso de Nos espera la noche se cumplen perfectamente.

Enlazando con la ciudad de Oilea de su segunda novela, Donde siempre es octubre (1999), y su galería de personajes de pasiones subterráeas, y con su obra de literatura juvenil, La última batalla de Vincavec el Bandido (2001), personaje que aparece también en Nos espera la noche, Espido Freire nos describe en su última obra el territorio imaginario de Gyomaendrod, que a primera vista pudiera tener alguna relación en cuanto a la capacidad imaginaria, con obras como Olvidado Rey Gudú de Ana María Matute, pero que en la prosa de Espido Freire ese espacio mítico está contado sin alterar sustancialmente una realidad física encontrable en una Europa rural del XVIII (desde los soldados dragones a la oligarquía rural), quizá con algunos toques de las Eddas islandesas.

Esos paisajes, un poco sombríos y perdidos entre bosques, que ya trazara Espido Freire en su primera novela, Irlanda (1998), a partir de un relato que escribió a los dieciséis años; la presencia del Mal, que dibujó en Diabulus in musica (el intervalo prohibido en la música antigua y por donde se creía que podía entrar el diablo), o la importancia que las historias familiares (y sus errores y sus males ocultos) tenían en Melocotones Helados, están en Nos espera la noche, quizá con un lenguaje más preciso y más depurado, donde el tono lírico depende más del contexto simbólico que de la adjutivación o las metáforas.

En el territorio de Gyomaendrod, hay varias familias que se enfrentan por el control del poder. La novela se inicia con los preparativos para celebrar los cumpleaños del padre y de uno de los hijos de la familia Pozbieta, una de las más ricas y poderosas. Aunque ya en la primeras páginas puedever el lector que, como suele suceder en los textos de Freire donde siempre hay un “diabulus in musica” a la espera, aparecen los primeros signos de la desgracia que acabará cerrando la novela: llega a sus corrales para domar a los caballos salvajes un saludador acompañado de una adorable niña que tiene el poder de entender a los caballos y la capacidad de la visión profética. Pero el tender Reason, un factor del mal, como un Loki que traerá al final del Walhalla de Gyomaendrod (en Diabulus in musica, uno de los personajes que interpretó el papel de Balder, el segundo hijo de Odín) y que hace jaulas, causará la muerte de la niña, qui cuidaba en su mano a un simbólico grillo. A partir de ese acontecimiento, empezarán a desarrollarse pasiones sentimentales, imaginadas violaciones, asesinatos en los caminos, y un recorrido hacia la oscuridad y la noche, esa hermana de la muerte que nos espera siempre cruzando la selva de la vida.

Jueves, 14 Abril 2016 08:33

Querido Jane, querida Charlotte - Reseñas

Escrito por

querida2Querido Jane, querida Charlotte
Aguilar, 2004

 

Reseñas: 

>Espido Freire, en el espacio de las Brontë y Jane Austen

En Diari de Tarragona
23 de Febrero de 2004
Por Miguel Lorenci

 

En su libro “Querida Jane, querida Charlotte" reivindica estas escritoras

No es un ensayo ni un libro de viajes, aunque tenga mucho de ambos. 'Querida Jane, querida Charlotte' (Aguilar) es, según su autora, Espido Freire (Bilbao, 1974), “un viaje emocional” que la escritora realiza por los borrascosos territorios reales y ficticios de cuatro grandes y admiradas escritoras británicas, las tres hermanas Brontë y Jane Austen, almas gemelas de los afanes literarios de la autora de 'Melocotones helados'.

Hechizada por sus obras, sus paisajes y sus imaginarios desde hace tiempo, Espido Freire, habitante del norte y licenciada en filología inglesa, se propuso desvelar el enigma de estas cuatro mujeres solteras y pobres, autodidactas, con mala salud, aisladas en el campo en un siglo que no potenció ni mucho menos sus inquietudes intelectuales, y que murieron antes de cumplir los cuarenta dejando una decena de novelas dignas de hacerse un hueco en los anales de la literatura universal. Unas mujeres que llevaron una vida quizá más desgraciada que las de sus personajes.
“Las novelas de Emily y Charlotte Brontë y las de Jane Austen son cruciales y el origen de tantas y tantas novelas rosas, en unas derivaciones que aún hoy están presentes”, asegura Espido Freire. “Jane Austen es el gran modelo en cuanto a construcción de novela, y las hermanas Brontë son la pasión por la literatura, toda la parte bronca, oscura y romántica que implica la novela”.

Las cuatro eran hijas de reverendos, destaca la escritora, que se fija en la fuerte religiosidad que marcó sus vidas y obras, y dice que de las cuatro - Charlotte, Emily, Anne y Jane Austen - es Anne la que ha supuesto todo un descubrimiento realizado a través de sus hermanas.

“Es un recorrido real que realicé hace dos primaveras por los territorios y las ciudades de Jane Austen, y que está en la primera parte del libro, un viaje geográfico, literario y emocional. En la segunda, dedicada a las Brontë, recorro cada una de la habitaciones de la casa que casi nunca abandonaron para ver qué influencia vital y literaria dejó en su obra”, explica.

“También me ocupo de un elemento perturbador y contradictorio, su hermano invisible, Brandwell, el gran mirlo blanco de la familia, que se revela como una inmensa decepción, que morirá tuberculoso a causa de sus excesos y que acarrea la ruina económica de la familia”.

Tenía Espido Freire sublimadas a estas escritoras, pero ahora conoce mejor sus perfiles y revela sus partes oscuras. “He visto las contradicciones. Jane Austen, a quien tenía por una solterona y escritora compulsiva, fue una jovencita frívola que ligaba como una descosida. Charlotte Brontë era egoísta, manipuladora y ambiciosa y Emily vivió siempre para sí misma”.

“Su común denominador es su formación lectora, su férrea formación religiosa e intelectual y su marcada vocación de independencia y su afán por ser escritoras, con lo que eso suponía en su tiempo. Supieron reflejar las contradicciones y las estupideces de la sociedad que las rodeaba: la pequeña burguesía rural, en el caso de Jane, el universo privado de la enseñanza, en el de Charlotte, y la violencia brutal de las pasiones y la degeneración que conllevan, en el caso de Emily y Anne”.
También han sido notables los descubrimientos al escudriñar su vida amorosa. “No fueron vírgenes frías y distantes ninguna de ellas. Todas tuvieron vida amorosa. La diferencia es que en el mundo de Jane Austen el ideal del amor romántico no era tan importante como sería luego y la censura moral no es la que luego se encontrarán las Brontë, que si sufrieron una sociedad cruel, cerrada, pacata, puritana, que comienza a privilegiar la idea del amor-pasión por encima de los demás. Pero sólo Emily, la que nunca tuvo una pasión amorosa real, sublimará esa idea en Cumbres Borrascosas”.

“Como lectora se disfruta más con los personajes de las Brontë que de los de Jane Austen”, dice Espido Freire, aunque puesta a elegir un personaje de este mundo de brumas y sufrimientos prefiere ser Elizabeth Bennet, protagonista de Orgullo y prejuicio, obra maestra de Austen, antes que Katherine, la heroína de Cumbres Borrascosas.

Miércoles, 13 Abril 2016 13:11

Cuentos malvados - Reseñas

Escrito por

malvadosCuentos malvados

Punto de lectura, 2003

 

 

 

 

 

 

Reseñas:

Literaturas.com:

Cuentos malvados, reúne 99 aciertos, “ramalazos breves en palabras de la autora”, Espido Freire, que respetan por igual las estrictas reglas del relato hiperbreve, uno de los géneros más difíciles de cuantos podemos encontrar en la actualidad. No en vano, como en poesía, fueron muchos autores los que se acercaron a él, pero pocos los que lo consiguieron dominar. Inteligentemente encadenados, sorprende en estos Cuentos malvados la frescura de los mismos que en nada desmerecen a los de los grandes, Monterroso, Torri o Arreola. Pero son la secuencia que conforman la denominada Dentro del laberinto la que despierta por igual estupor y respeto por una autora, joven, de quien sólo cabe esperar que continúe en el futuro ofreciéndonos perlas como estas.

Tan hermosos que dan miedo, Por Alba Carbajal. 3 de Agosto de 2005

Tenía algo más que 20 años de edad cuando comenzó a experimentar -con la sinceridad que es propia de quien escribe para sí mismo- su don de letras. Con su pequeño cuaderno siempre con ella, iba dando a luz sus brevísimos relatos que posteriormente bautizó como Cuentos malvados. Se trata de Espido Freire. 
Según sus propias palabras, «comenzaba el verano de 1997 cuando un centenar de ideas malvadas, 99 ramalazos breves, se vieron cristalizados en cuentos de apenas unas líneas. Los temas elegidos se escurrían, viscosos y huidizos, y reptaban sobre el papel (...) Ahora abro la caja de estos cuentos para que escapen y muerdan y arañen.

Son cuentos malvados a conciencia, porque mueven un resorte que obliga a plantearse qué es el mal y qué es el bien, «siempre me ha interesado subvertir el orden», dice la escritora, quien también define estos cuentos como «pequeñas ventanas donde el lector puede atisbar otras realidades». 
Divididos en siete apartados temáticos (El agua, Ángeles, Las voces, Arañas y mariposas, El espejo, Los cuentos y Dentro del laberinto), la también autora de Melocotones helados juega con «princesas o ranas que se niegan a cumplir su destino», con «ángeles que pueden ser vampiros» o con «voces que son ese personaje interior que de vez en cuando asalta con una idea». 
Belleza y sencillez.

«Medio ahogado, vio cómo una sirena nadaba hacia él y tendió sus manos hacia ella. La sirena no se acercó más. Con su hermoso rostro sereno contempló cómo el príncipe se hundía lentamente. Cuando dejó de respirar, ella se aburrió, y abandonó el lugar envuelta en un remolino de espuma».

A lo largo del pequeño libro no se puede evitar la evocación a la niñez en esa época en la que de a poco se va perdiendo la inocencia, cuando nos vemos sorprendidos por pensamientos malsanos y, a veces, tan destructivos que nos dan miedo. 
La autora prefirió, en vez de olvidarlos, plasmarlos con las lágrimas coloridas de su bolígrafo en el blanco vacío del papel... Breves fotografías imaginarias de susurros en la oscuridad, centelleos que revelan figuras espeluznantes, la muerte muy de cerca, un poco de sangre, dolor, arañas, mariposas, hadas, hombres, en fin, fantasías que se tornan tan voluntarias e imperceptibles en nuestro interior que se adhieren a nuestra forma de ser.

Apariencias que engañan.

«Apareció súbitamente, caído de la nada, en medio del camino. Los habitantes de la zona se lo llevaron a casa, creyendo, al ver sus alas, que era un mensajero del cielo. A partir de entonces, cada noche, una doncella fue encontrada muerta con dos cicatrices bermejas en su cuello».

Espido Freire publica sus “Cuentos malvados” en edición de bolsillo. 30 de Mayo del 2003.

Con poco más de 20 años, y antes de que empezara a ser conocida, Espido Freire (Bilbao, 1974) experimentaba sin tapujos su vocación literaria escribiendo brevísimas historias en un pequeño cuadernito, unos relatos que ahora ven la luz en un libro titulado Cuentos malvados.

"Hace ocho, o diez años experimentaba con más facilidad porque no sabía lo que quería hacer. Sabía menos de literatura, y todo estaba más abierto, más libre", contaba ayer Espido Freire en la presentación en Madrid de este libro, que se edita por primera vez en edición de bolsillo en Punto de Lectura.

Espido Freire, que publicó su primera novela Irlanda en 1998, con 23 años, y que un año después, en 1999, se convirtió con Melocotones helados en la escritora más joven que ganaba el Premio Planeta, jugaba con lo que después se convertirían en sus obsesiones literarias (los cuentos de hadas, las voces, la muerte) en unos relatos de apenas unas líneas, unos "ramalazos breves", según los define ella misma, en los que se ejercitaba en el "malabarismo" de "crear un universo para y por el cuento".

"Son cuentos malvados a conciencia, porque mueven un resorte que obliga a plantearse qué es el mal y qué es el bien, siempre me ha interesado subvertir el orden", dice la escritora, quien también define estos cuentos como "pequeñas ventanas donde el lector puede atisbar otras realidades".

Divididos en siete apartados temáticos (El agua, Ángeles, Las voces, Arañas y mariposas, El espejo, Los cuentos y Dentro del laberinto), Espido Freire juega con "princesas o ranas que se niegan a cumplir su destino", con "ángeles que pueden ser vampiros" o con "voces que son ese personaje interior que de vez en cuando asalta con una idea".

La escritora, que dice que el relato es el género en el que "más cómoda" se siente, explica que aún tiene "bastante" material guardado de aquella época, antes de que empezara a publicar, en que "escribía como una loca". "Sobre todo relatos, hay también un par de novelas que he desechado porque no me convencen, pero tengo también varios proyectos", cuenta la escritora mientras confiesa con ciertos nervios que "me voy acercando peligrosamente a los treinta".

De aquella época, el inicio de sus veinte, cuando era una aspirante a escritora, a la actual, en la que es una autora conocida con todas las ventajas comerciales que ello conlleva, dice que, en lo literario, ha ganado "herramientas técnicas" a costa de espontaneidad, y en lo personal, que ha perdido "dosis de arrogancia" y ha ganado "serenidad". También que antes procuraba que "nada de la realidad me absorbiera" y en los últimos años se siente más cercana a lo que ocurre a su alrededor. "Quizá esto ha cambiado a raíz de que empezara a escribir artículos para la prensa".

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