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Jueves, 14 Abril 2016 22:47

La última batalla de Vincavec el bandido - Reseñas

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ultima batallaLa última batalla de Vincavec el bandido

S.M. 2001

 

 

 

 

 

Reseñas:

Espido Freire : "La literatura juvenil es ñoña y didáctica", Antonio Paniagua.

Por María Luisa Pedrós. Cultura & espectáculos. 19 de Abril de 2001

La escritora publica “La última batalla de Vincavec ed Bandido”, una novela para jóvenes

Espido Freire ha sido una devoradora de libros infantiles; pero de adolescente dejó las etiquetas literarias y se lanzó a la lectura de, libros considerados sóló aptos para adultos. Desde esta perspectiva considera un "mal menor" que existan novelas y relatos para jóvenes, y echa de menos que apenas se lean en la actualidad obras de Julio Verne. "Me crispa que se intente dar a los. adolescentes todo mascado", asegura la escritora y ganadora del premio Planeta. Con la publicación de La última batalla de V'incavec el Bandido (Ediciones SM), Freire ha realizado una incursión en la literatura infantil que espera sirva para alentar la fantasía y la imaginación entre los más jóvenes, a los que ve atrapados entre “la alienación y un espíritu de independencia” manejado por el marketing.

Después de entregar a la imprenta nada menos que siete libros en tres años, entre ellos un poemario, Espido Freire piensa concederse un periodo "ascético de descanso de seis meses". La primera novela de esta autora para lectores precoces entrevera la intriga y los mecanismos del juego de rol para narrar la historia de una niña, Lidia, que escribe historietas para la revista del colegió. Lidia es un trasunto de la adolescente que fue Espido Freire, quien también a sus pocos años no paraba de idear aventuras.

"De pequeña no llegué a conocer héroes ni mitos, sólo los del cine y la televisión, entre ellos los de las jóvenes modelos Por eso había que inventar historias En el Instituto de Educación Secundaria no ocurría nada, era todo muy aburrido, al contrario de lo que nos prometían los libros de aventuras", dice la autora bilbaína, quien reconoce que si en todos los sitios existe necesidad de soñar, "en el País Vasco todavía más". Para Freire, si de algo peca la literatura infantil y juvenil es de ser "ñoña, didáctica y políticamente correcta". La escritora lamenta el desprestigio de la fantasía y confiesa que se siente encandilada por los personajes que se saltan las rígidas normas de la literatura infantil.

La autora de Irlanda asiste un tanto perpleja a la propagación de la estulticia y la preponderancia de los valores vacuos entre la juventud, mientras se "pierden modelos de referencia, sobre todo pára las chicas, que no quieren ser ni científicas ni investigadoras, ni…”.

Primera novela juvenil de Espido Freire. 
Terra.

La relación de una joven que escribe historietas para la revista del colegio y sus personajes, que le comunican sus deseos y sus necesidades, centra La Última batalla de Vincavec el bandido, la primera novela juvenil de Espido Freire.
La obra, publicada por SM en su colección El navegante, tiene como protagonista a Vincavec de Fafnir, jefe de una banda de proscritos que defienden a los humildes y luchan contra los opresores.

"En mi adolescencia no tuvimos referentes juveniles y teníamos que inventarnos historias, pero todos querían ser los protagonistas, de modo que, como yo tenía cierta capacidad de observar y contar el mundo que me rodeaba, no me quedó más remedio que ponerme a escribirlas", explicó Espido Freire.

"No ocurría nunca nada de lo que se veía en las películas o se leía en los libros y nadie tenía en cuenta el silencio, el miedo, las ansias y la desorientación de los adolescentes", agregó.

Hoy la situación "no ha mejorado nada y las adolescentes todavía están peor porque no encuentran ni científicas, ni biólogas ni escritoras en las que querer convertirse, sino sólo la referencia del éxito rápido y de la falta de responsabilidad que no existe en la realidad".

El objetivo de este libro es, según la escritora, "aportar una visión diferente" y "otros modelos" porque "si antes no creía en la literatura juvenil por sí misma ahora pienso que puede ayudar".

Se trata, pues, de "una historia de aventuras con sus tópicos, en las que el malo es ambivalente, porque no es el que cumple su papel en la historia, sino que el auténtico villano es el que pretende controlar las historias que escribe la protagonista".

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La última batalla de Vincavec, El Cultural (El Mundo).
Por Care Santos. El Cultural (El Mundo). 18 de Abril de 2001

Después de ganar el Planeta, con tres novelas en su haber, la inquietud de Espido Freire se ha inclinado hacia otros derroteros literarios. Si primero fue el ensayo, seguido del cuento o la poesía, ahora la joven autora aborda un terreno más familiar: el de la narrativa para jóvenes. Lo hace con una novela que bebe de fuentes muy literarias –los cuentos infantiles, principalmente– y que los lectores más fieles encontrarán sutilmente emparentada con el universo de sus anteriores entregas novelescas. Sin embargo, parece percibirse aquí –y es el hallazgo de este libro– una voz mucho más espontánea, mucho más ágil. Incluso más verosímil. Desde luego, Freire afina su pluma cada vez más. Pero no es sólo eso. Tal vez sea el repetido uso del humor –que no sólo servirá para acercar el texto al lector joven, sino que cautivará al más ducho–, el flirteo con las herramientas propias del escritor o el juego de espejos que plantea la historia misma entre la rea-lidad y la ficción. El caso es que esta novela representa un paso firme en la carrera literaria de su autora, y ninguno de sus seguidores, o de los que no lo son, debería dejarla escapar.

La anécdota contada en La última batalla de Vincavec el bandido es doble: Lidia, aficionada a la escritura y colaboradora en revistas escolares, ha inventado un personaje del que está enamorada: un bandido llamado Vincavec que, al modo de Robin Hood, roba a los ricos para ayudar a los pobres. Para él ha creado Lidia un reino idílico, una región sublevada contra un gobernador despiadado, una pandilla de secuaces buenos y un batallón de soldados malos. En la trama principal se insertan las historias que la protagonista inventa, cocinadas con los mejores ingredientes del relato de aventuras clásico y más de un guiño a lo cinematográfico. La trama empieza la noche en que a Lidia se le aparecen sus personajes para insubordinarse contra su propio destino. Una idea varias veces repetida en literatura –Niebla, de Unamuno, es referente obligado– pero a la que la autora sabe sacar gran partido. 
Como debería imponer la colección en la que se inserta –escribir para jóvenes implica una gran responsabilidad que muchos autores olvidan–, la novela no permite descanso al lector. Seducirá, entretendrá y divertirá a lectores de cualquier edad. Es una buena novela y, en el sentido apuntado, un acto responsable.

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La Estirpe de Duino viene a almorzar.

Diario de Noticias.

Duino era el paisaje donde se desarrollaba parte de la novela por la que a Espido Freire le concedieron el premio Planeta hace un par de años; un territorio imaginario que en Vincavec el Bandido cunde y se convierte en mapa y sustento de la trama. 
Una continuidad espacial que me llena de alegría por cuanto viene a expresar de cercanía entre ambos textos, aunque su autora hable en uno específicamente a jóvenes y en el otro, al público en general.

La autora identifica con claridad los registros de comportamiento de “Lidia”, la joven escritora protagonista de Vincavec.

El tono de sus diálogos, los parámetros de su monólogo interior, el tipo de inquietudes y aspiraciones con la que contruye su existencia o la vivencia de sus afectos y amistades; muestra así una actitud de proximidades y una gran aptitud para encarnar la voz de una adolescente hija de familia, amiga de sus amigas, escritora y estudiante, convirtiéndola en un personaje accesible y atractivo del que se sirve para ejemplarizar sobre las disyuntivas propias de la autoría narrativa.
Quizá, esto sea lo más destacable de la novela, el discurso acerca de las vinculaciones entre la realidad de los relatos, un discurso elaborado de forma tal que mueve al lector a reflexionar.

Los personajes de esos relatos que “Lidia” escribe, vendrán a visitarle en su mundo real: adelantar esto no es descubrir mucho, puesto que en la cuarta página – de las más de 200 del libro -, tal cosa ya ha sucedido.

A partir de esta conexión entre mundos paralelos, se va a desarrollar la tensión entre el devenir de los sucesos de fantasía y el transcurso de la vida de cada día en el instituto y en las familias de los protagonistas. Pero respetando una regla: los mundos paralelos podrán intercambiar situaciones y personas, pero no deberán interferirse, cada cual ha de cumplir su destino. Esto serán el arte y el cometido de quien desee ser autor y persona: conducir las distintas historias hasta que lleguen a su propio fin.

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